
La misión Artemis II ha empezado a mandar sus primeras postales de la Tierra desde el espacio profundo, en pleno trayecto hacia la Luna. La NASA ha difundido varias fotografías captadas por la tripulación de la nave Orión en las que nuestro planeta se observa ya más allá de la órbita terrestre, en un momento clave del vuelo de prueba.
Estas instantáneas se han tomado justo después de completar la maniobra de inyección translunar, el encendido de motor que permite a la nave escapar de la gravedad terrestre y seguir una trayectoria directa hacia el satélite. Para la agencia estadounidense y para los equipos europeos implicados en el programa, son tanto un símbolo del regreso al entorno lunar como una confirmación visual de que la misión avanza según lo previsto.
Las primeras fotos: la Tierra completa, auroras y luz zodiacal
El comandante de la misión, Reid Wiseman, fue el encargado de capturar las primeras imágenes con un dispositivo personal —una tableta con cámara— justo después del encendido clave del motor. En una de las fotografías, bautizada por la NASA como “Hola, Mundo”, se aprecia el disco completo de la Tierra, con el océano Atlántico dominando la escena, remolinos de nubes blancas y un tenue resplandor verde en torno a los polos asociado a las auroras.
La agencia espacial ha explicado que, además de las auroras, en la imagen se distingue la llamada luz zodiacal, un brillo débil producido por la reflexión de la luz del Sol en partículas de polvo del sistema solar. Esa iluminación aparece durante el eclipse solar provocado por la propia Tierra, lo que añade un toque casi irreal al conjunto.
Desde la perspectiva habitual en Occidente, el planeta aparece “boca abajo”. En el sector iluminado se identifican con claridad el Sahara occidental y la península ibérica en el lado izquierdo del encuadre, mientras que la parte oriental de Sudamérica queda a la derecha, todo ello rodeado por el profundo azul de los océanos. La NASA ha señalado también un punto especialmente brillante en la parte inferior de la escena, correspondiente al planeta Venus.
En otra de las fotografías difundidas, la Tierra se observa como una media luna recortada contra la negrura del espacio, con tonos azules y marrones que se difuminan hacia la oscuridad y con un halo atmosférico que enmarca el planeta. Para Wiseman, lograr una exposición correcta a tanta distancia fue todo un reto técnico, comparable, según él mismo contó al control de misión, a “intentar fotografiar la Luna desde el patio de casa”.
La NASA ha subrayado que, aunque en estas imágenes la Tierra ocupa solo una porción reducida del encuadre, sigue siendo “con diferencia, el objeto más luminoso de la escena”. La visión del planeta suspendido en el vacío se ha convertido ya en uno de los primeros iconos visuales de una misión llamada a abrir una nueva etapa en la exploración lunar.
Un hito humano: más allá de la órbita terrestre por primera vez desde Apolo
Artemis II es el primer vuelo tripulado hacia la Luna en más de medio siglo. A bordo de la nave Orión viajan cuatro astronautas: el propio Reid Wiseman, el piloto Victor Glover, la especialista de misión Christina Koch y el canadiense Jeremy Hansen, de la Agencia Espacial Canadiense (CSA). Es la primera vez desde la misión Apolo 17, en los años setenta, que seres humanos abandonan la órbita baja de la Tierra.
Tras el lanzamiento desde el Centro Espacial Kennedy, en Florida, la nave completó una secuencia de ascenso que incluyó la separación de etapas del cohete SLS, el despliegue de los paneles solares y la transición a las operaciones en vuelo. En una fase inicial, Orión realizó una órbita elíptica alrededor de la Tierra para verificar los sistemas, probar las comunicaciones y realizar maniobras de pilotaje manual antes de alejarse definitivamente.
El momento más crítico hasta ahora ha sido el encendido del motor del módulo de servicio —desarrollado por la Agencia Espacial Europea (ESA)— durante aproximadamente seis minutos, la conocida maniobra de inyección translunar. Ese impulso colocó a la cápsula en una trayectoria que la llevará a recorrer más de 320.000 kilómetros hasta las inmediaciones de la Luna. A partir de ese punto, la misión queda esencialmente en manos de la mecánica orbital: una vez iniciado el empuje, no existe la opción de dar marcha atrás y regresar directamente a casa.
Según los datos publicados por la NASA, poco después de la maniobra la nave se situaba ya a cerca de 230.000 kilómetros de la Tierra y a algo más de 210.000 kilómetros de la Luna, avanzando por una ruta en bucle que la llevará a bordear la cara oculta del satélite y luego a volver a nuestro planeta. La tripulación prevé pasar por detrás de la Luna alrededor del 6 de abril y amerizar en el océano Pacífico, frente a la costa de San Diego, el día 10.
En el centro de control de Houston, los responsables del programa destacan que “por primera vez desde Apolo 17 los humanos han dejado atrás la órbita terrestre” y subrayan que cada fase superada supone un paso decisivo para el futuro del programa Artemis, que aspira a establecer una presencia sostenida en la superficie lunar y, a medio plazo, servir de trampolín para misiones tripuladas a Marte.
La Tierra desde la ventanilla: terminador, lado oscuro y silencio en la cabina
Las primeras horas tras la maniobra de inyección translunar estuvieron marcadas por un detalle muy humano: la tripulación se quedó literalmente “pegada a las ventanas” para contemplar el nuevo punto de vista de la Tierra, según relató el astronauta canadiense Jeremy Hansen al control de la misión. Desde esa posición privilegiada, los cuatro pudieron observar el llamado “lado oscuro de la Tierra”, la parte nocturna del planeta, tenue pero visible gracias a la luz reflejada por la Luna.
Otra de las imágenes difundidas muestra la frontera entre el día y la noche, conocida como el terminador. En la fotografía se aprecia cómo la línea de sombra avanza sobre el globo, generando contrastes de luces y sombras que resaltan la curvatura terrestre. En la zona iluminada se distingue claramente una gran masa continental que corresponde a África, con la península ibérica brillando en el borde donde el planeta comienza a sumergirse en la oscuridad del espacio.
La NASA ha ofrecido descripciones muy detalladas de estas escenas: en una de ellas, la Tierra se ve como un “azul pálido y etéreo”, con nubes blancas y reflejos de la luz solar; en otra, una aurora boreal aparece como un resplandor verde en la parte superior del planeta, apenas separada de la superficie. Ese contraste entre el brillo del globo y el fondo negro del espacio sirve para remarcar la fragilidad de nuestro mundo visto desde la distancia.
Para la tripulación, la experiencia ha sido profundamente impactante. Reid Wiseman explicó que en un momento del viaje pudieron contemplar “la Tierra de polo a polo”, abarcando en una sola mirada África, Europa y las auroras boreales, algo que, según dijo, dejó a los cuatro astronautas en completo silencio durante unos segundos. La astronauta Christina Koch describió una “expresión de alegría” colectiva al confirmarse que la nave se encontraba ya a medio camino entre la Tierra y la Luna.
Incluso detalles tan prosaicos como la limpieza de las ventanas han tenido su protagonismo. Wiseman llegó a preguntar al control en Houston cómo eliminar las marcas que la propia condensación y el entusiasmo de los astronautas habían dejado en los cristales, una muestra de hasta qué punto la tripulación busca aprovechar cualquier oportunidad para observar y documentar el entorno desde la cápsula.
Vida a bordo de Orión: pruebas, seguridad y sistemas europeos
Pese a la belleza de las imágenes, Artemis II no es un viaje turístico ni mucho menos. Se trata de un vuelo de prueba exhaustivo para validar la cápsula Orión, su módulo de servicio europeo y el cohete SLS en condiciones reales de operación. La NASA ha insistido en que se siguen identificando pequeños ajustes y cuestiones técnicas sobre la marcha, pero remarca que ninguno de ellos supone un riesgo para la tripulación ni compromete el desarrollo del vuelo.
Durante las primeras 24 horas en el espacio, la nave realizó una serie de ensayos cerca de la Tierra. Tras alcanzar la órbita inicial, la etapa superior del SLS impulsó a Orión hacia una órbita terrestre alta, de unos 74.000 kilómetros de altura, que permitió efectuar comprobaciones de sistemas. A continuación, la cápsula se separó de la etapa, que realizó su propia maniobra de reentrada sobre una zona remota del océano Pacífico, tras desplegar varios pequeños satélites de investigación.
En esa fase temprana, la tripulación llevó a cabo una demostración de pilotaje manual, utilizando la etapa superior como referencia para practicar maniobras de aproximación y alejamiento. También se probó la transición de comunicaciones a la Red del Espacio Profundo, se activaron los primeros ejercicios de rueda de inercia y se verificó el funcionamiento de sistemas tan prosaicos como el inodoro de la nave, fundamental para un viaje de varios días.
Los astronautas visten trajes presurizados que funcionan como sistemas personales de supervivencia: en caso de despresurización de la cabina, pueden mantener oxígeno, temperatura y presión adecuados durante un máximo de seis días. A la vez, el equipo a bordo realiza rutinas de ejercicio físico para mitigar los efectos de la microgravedad sobre el cuerpo, un aspecto clave de cara a misiones más largas hacia la Luna o Marte.
Howard Hu, director del programa Orion, ha señalado que “se han encontrado varios aspectos por el camino, pero ninguno es motivo de preocupación”. Según destacó, la maniobra de inyección translunar, de casi seis minutos, se ejecutó “de forma impecable por el equipo de control de vuelo en Houston”, y desde entonces la nave continúa siguiendo la trayectoria prevista alrededor de la Luna y de regreso a la Tierra.
Objetivo: preparar el regreso estable de la humanidad a la Luna
Artemis II no incluye un alunizaje: su misión es rodear la Luna y volver, pero su importancia va mucho más allá de este único viaje. Esta misión permite comprobar en condiciones reales todos los sistemas que, en fases posteriores del programa Artemis, deberán sostener estancias prolongadas en la superficie lunar y operaciones más complejas, como el ensamblaje de una futura estación en órbita del satélite.
Durante el sobrevuelo lunar previsto, los astronautas tomarán imágenes de alta resolución de la superficie, incluidas zonas de la cara oculta de la Luna que nunca han sido observadas directamente por ojos humanos. Las condiciones de iluminación en esa fase generarán sombras alargadas que resaltarán la topografía: crestas, depresiones, bordes de cráteres y pendientes se verán con una claridad difícil de conseguir cuando el Sol incide de forma frontal.
Una vez completado el giro alrededor del satélite, la nave aprovechará la gravedad lunar para emprender el regreso a la Tierra en una trayectoria de retorno directo, sin necesidad de grandes impulsos adicionales. Si todo sale según lo previsto, la misión culminará con un amerizaje en el océano Pacífico, donde equipos de rescate especializados recuperarán la cápsula y a sus cuatro ocupantes.
Más allá de los aspectos técnicos, las imágenes de la Tierra enviadas por Artemis II tienen un fuerte componente simbólico y social. Volver a ver nuestro planeta como un pequeño globo azul en la inmensidad del espacio recuerda a las clásicas fotografías del programa Apolo, pero con la tecnología actual y una narrativa compartida en tiempo casi real a través de redes sociales y plataformas digitales. La NASA ha acompañado las publicaciones con mensajes del tipo “Buenos días, mundo”, insistiendo en que este viaje se concibe como una empresa colectiva de la humanidad, no solo como un logro de una única agencia.
Para Europa y España, el protagonismo del módulo de servicio europeo de Orión, los acuerdos de colaboración industrial y la participación de la Agencia Espacial Europea en el programa suponen también una implicación directa en esta nueva etapa de exploración. Las pruebas que se llevan a cabo ahora servirán para afinar la tecnología que, en misiones posteriores, se utilizará para llevar a la superficie lunar a las primeras mujeres y a nuevos perfiles de astronautas internacionales.
Mientras la nave continúa su camino hacia la cara oculta de la Luna, las primeras imágenes de la Tierra enviadas por Artemis II se consolidan ya como una referencia de esta era: un recordatorio visual de hasta qué punto nuestro planeta es pequeño, luminoso y frágil cuando se observa desde cientos de miles de kilómetros de distancia, y, al mismo tiempo, un anticipo de lo que está por venir en el renovado empeño de la humanidad por explorar el entorno lunar.





