Chrome instala un modelo de IA de 4 GB sin avisar: qué es Gemini Nano, dónde se guarda y cómo desactivarlo

  • Chrome está descargando en segundo plano un modelo de IA local de unos 4 GB (Gemini Nano) en millones de ordenadores sin un aviso claro ni consentimiento explícito.
  • El archivo principal se llama "weights.bin" y se guarda en la carpeta OptGuideOnDeviceModel; si el usuario lo borra, Chrome lo vuelve a descargar salvo que se desactive la IA en el dispositivo.
  • Google alega motivos de seguridad y funciones de escritura y detección de estafas, pero expertos en privacidad ven posibles choques con la Directiva ePrivacy y el RGPD en Europa.
  • Hay formas de limitar o desactivar Gemini Nano desde los ajustes o flags de Chrome y otros navegadores como Firefox ofrecen controles de IA más claros y centralizados.

Modelo de IA de 4 GB en Chrome

Google Chrome se ha convertido en una especie de ventanilla única para la vida digital de millones de personas: lo usamos para trabajar, comprar, gestionar contraseñas y hasta para el ocio. Precisamente por esa confianza, ha sorprendido que usuarios de distintos países —incluida España— se hayan encontrado con una carpeta de más de 4 GB asociada a un modelo de inteligencia artificial descargado por el propio navegador, sin una notificación clara previa.

Lo que varios investigadores y medios han ido destapando estos días es que Chrome está descargando automáticamente un modelo de IA local llamado Gemini Nano, un componente de varios gigabytes que aparece como un archivo «weights.bin» dentro de la carpeta OptGuideOnDeviceModel. No es un pequeño parche ni un residuo temporal: es un modelo de IA completo que muchos usuarios nunca han pedido, y que vuelve a aparecer incluso después de borrarlo, salvo que se cambien ciertos ajustes.

Qué es exactamente el archivo de 4 GB que instala Chrome

La polémica estalló cuando el especialista en privacidad Alexander Hanff, conocido como That Privacy Guy, publicó que Chrome había dejado en su ordenador un archivo de unos 4 GB sin pedir permiso. A partir de ahí comenzaron las comprobaciones: en equipos con Chrome 147 se localizó una carpeta llamada OptGuideOnDeviceModel que, en macOS, llegaba a ocupar alrededor de 4,27 GB, incluso en mercados donde la barra lateral de Gemini todavía ni siquiera está disponible oficialmente.

Dentro de esa carpeta se encuentra el fichero clave: «weights.bin», que contiene las ponderaciones del modelo Gemini Nano. Se trata de una versión ligera de los modelos Gemini de Google, diseñada para ejecutarse directamente en el dispositivo (on-device) en lugar de depender siempre de los servidores en la nube. En Windows 11, por ejemplo, el archivo suele encontrarse en %LOCALAPPDATA%\Google\Chrome\User Data\OptGuideOnDeviceModel; en Linux y macOS aparece en rutas similares dentro de los datos de usuario de Chrome.

Según la documentación para desarrolladores de Google, Chrome decide qué variante de Gemini Nano descargar en función del hardware de cada equipo, y gestiona las actualizaciones de ese modelo en segundo plano sin intervención del usuario. En la práctica, eso se traduce en que, en algún momento entre abril de 2024 y la primavera de 2026, muchos ordenadores de sobremesa y portátiles han recibido una descarga silenciosa de varios gigabytes sin que sus dueños fueran plenamente conscientes.

Un detalle importante que ha generado más confusión es que el llamado «AI Mode» visible en Chrome —la pastilla de IA en la barra de direcciones en versiones recientes— no utiliza Gemini Nano. Las peticiones lanzadas desde ese modo se procesan mayoritariamente en la nube de Google. El modelo local se reserva para otras funciones internas, lo que hace más difícil para el usuario medio entender qué parte de la IA funciona en su equipo y cuál se va a los servidores externos.

Gemini Nano integrado en Chrome

Para qué usa Chrome ese modelo de IA local

Google ha ido aclarando a distintos medios especializados que Gemini Nano no está ahí solo para «meter un chatbot» dentro del navegador. Entre los casos de uso que la compañía menciona están la detección en tiempo real de estafas de soporte técnico o webs de phishing, y funciones de ayuda a la escritura integradas en Chrome, como «Ayúdame a escribir» o sugerencias avanzadas de texto.

En el caso de la seguridad, Chrome puede pasar a Gemini Nano fragmentos del contenido de la página que estás visitando para que el modelo busque indicios de fraude o comportamiento sospechoso. Al ejecutarse en local, en teoría esa información no tendría por qué salir del dispositivo, lo que Google presenta como una ventaja de privacidad frente a sistemas que analizan todo desde la nube.

Además, la empresa explica que Gemini Nano proporciona APIs a los desarrolladores que quieran construir funciones de inteligencia artificial que se ejecuten directamente en el equipo del usuario, sin depender tanto de una conexión de red. Se trataría de resúmenes, traducciones, herramientas de productividad o mejoras de accesibilidad que funcionen incluso con mala cobertura o en entornos más controlados.

En la teoría, por tanto, el modelo local tiene sentido: permite ciertas capacidades de IA más rápidas, privadas y con menos dependencia de la nube. El problema que señalan muchos usuarios y expertos no está tanto en el qué, sino en el cómo: la instalación se ha producido de manera silenciosa, sin un diálogo claro de aceptación, sin explicar el tamaño del archivo ni las implicaciones para el almacenamiento, el ancho de banda o la vida útil del dispositivo.

Instalación silenciosa, re-descargas y enfado de los usuarios

Uno de los puntos más polémicos es el comportamiento de Chrome cuando el usuario descubre el archivo y decide eliminarlo. Diferentes pruebas de investigadores como Hanff muestran que, tras borrar el contenido de OptGuideOnDeviceModel, el navegador espera un tiempo y acaba volviendo a descargar los 4 GB, siempre que se cumplan las condiciones internas para usar Gemini Nano.

Desde foros y redes sociales se ha señalado además que la descarga puede producirse incluso sin interacción activa. En algunos casos, Chrome se abre de forma programada, permanece unos minutos en una página sin que el usuario haga nada y, aun así, deja en el disco rastro de la descarga de weights.bin. Esto alimenta la sensación de pérdida de control sobre el propio ordenador: el navegador decide por su cuenta cuándo y qué descarga, sin preguntar.

La propia Google ha reconocido que el modelo se gestiona de forma automática. En comunicaciones a medios como Android Authority o 9to5Google, la compañía explica que Chrome monitoriza el espacio disponible en disco y que Gemini Nano es «lo primero» que se eliminará si el sistema detecta que el equipo se está quedando sin almacenamiento. Es decir, el navegador también decide cuándo borra el modelo según un umbral interno, algo que no termina de calmar a quienes preferirían poder tomar la decisión por sí mismos.

Al mismo tiempo, Google apunta que la práctica de instalar modelos locales de IA en Chrome lleva en marcha desde 2024, y que desde febrero de 2026 está desplegando una opción de configuración para que los usuarios puedan apagar y eliminar con más facilidad el modelo. El detalle es que esa opción todavía no está presente para todo el mundo: en algunos Mac con Chrome 147 no figura, mientras que en máquinas con Windows sí aparece, lo que sugiere un despliegue gradual y algo confuso.

Otra crítica que se repite es que el archivo está escondido bajo un nombre técnico poco intuitivo. En lugar de llamarse «Gemini» o algo fácilmente reconocible, se opta por «weights.bin» dentro de «OptGuideOnDeviceModel», un entorno poco amigable para cualquiera que no tenga costumbre de bucear en carpetas internas. Usuarios y expertos en seguridad señalan que esto hace más difícil entender qué se ha instalado realmente y favorece la sensación de opacidad.

Implicaciones legales y regulatorias en Europa

El caso no se está quedando solo en un enfado en redes sociales. Alexander Hanff ha presentado una queja formal alegando que la instalación silenciosa del modelo podría vulnerar el artículo 5.3 de la Directiva ePrivacy de la UE, que exige consentimiento previo e informado antes de almacenar información en el dispositivo del usuario, más allá de lo estrictamente necesario para prestar el servicio solicitado.

La acusación se apoya en varios puntos: no existe un consentimiento explícito tipo «aceptar» como con las cookies; la instalación se hace en un directorio que un usuario medio difícilmente revisa; borrar el archivo no impide su re-descarga automática y la escala del despliegue es masiva, con potencial de llegar a más de mil millones de dispositivos, incluidos muchos en España y el resto de Europa.

Además, el contexto regulatorio europeo no juega precisamente a favor de Google. La compañía está considerada «gatekeeper» bajo la Ley de Mercados Digitales (DMA), lo que le somete a obligaciones adicionales de transparencia y control frente a prácticas que puedan considerarse abusivas. Autoridades como la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD) o la CNIL francesa podrían abrir investigaciones si estiman que se ha vulnerado la normativa de privacidad o los principios de consentimiento informado.

En paralelo al debate jurídico, se ha empezado a hablar también del impacto ambiental de una descarga de este calibre. Analizando el escenario de mil millones de dispositivos descargando 4 GB cada uno, se habla de unos 4 exabytes de datos transferidos a escala global, con el consiguiente consumo energético en centros de datos y redes de distribución. Algunos cálculos preliminares apuntan a cientos de miles de toneladas de CO2 asociadas a este movimiento de datos, sin contar los casos en los que el usuario borra el archivo y Chrome lo vuelve a bajar.

Para los usuarios europeos, acostumbrados ya a mensajes de cookies y consentimientos detallados, resulta chocante que un componente tan pesado se instale sin una pantalla de información clara. Varios expertos legales apuntan a que, como mínimo, la situación exigirá una revisión de cómo presentan estas funciones y podría derivar en sanciones o en cambios obligatorios en la forma de desplegar la IA en el navegador.

Cómo ver, borrar o desactivar Gemini Nano en Chrome

Más allá de la polémica, muchos usuarios se están preguntando qué pueden hacer de manera práctica. Lo primero es comprobar si el archivo está presente y cuánto ocupa. En sistemas Windows, suele encontrarse en %LOCALAPPDATA%\Google\Chrome\User Data\OptGuideOnDeviceModel; en macOS y Linux aparece dentro del directorio de datos de Chrome, normalmente en la carpeta del perfil por defecto bajo el mismo nombre OptGuideOnDeviceModel.

Si se borra directamente el archivo «weights.bin» o la carpeta entera, Chrome la volverá a generar y descargará de nuevo el modelo cuando lo considere necesario. Por ello, la forma más efectiva de evitar la re-descarga pasa por tocar la configuración interna del navegador y desactivar las funciones que dependen de Gemini Nano.

En las versiones de Chrome donde ya ha llegado el nuevo ajuste, la ruta estándar es acudir a los Ajustes del navegador y buscar el apartado de IA en el dispositivo. En algunas compilaciones aparece bajo Configuración > Sistema como «IA en el dispositivo» o similar. Al desactivarla, el modelo deja de actualizarse y no vuelve a descargarse. Google asegura que, una vez deshabilitado, Gemini Nano deja de instalarse o mantenerse en segundo plano.

Para quienes todavía no vean ese ajuste, existen opciones más técnicas mediante las flags experimentales. Escribiendo chrome://flags en la barra de direcciones se puede buscar términos como «Writer API for Gemini Nano» u otros relacionados con IA en el dispositivo y cambiarlos a «Disabled». Es un paso menos amigable, pensado sobre todo para usuarios avanzados, y conviene ir con cuidado porque algunas flags afectan también a funciones que sí pueden interesar.

En entornos Linux, algunos usuarios han optado por bloquear directamente el acceso de Chrome a la carpeta OptGuideOnDeviceModel cambiando los permisos del directorio para que solo root pueda escribir en él. Es una solución más drástica, orientada a perfiles técnicos, que puede impedir la re-creación de la carpeta, aunque también tiene el riesgo de provocar comportamientos inesperados si el navegador no puede gestionar sus archivos como espera.

Chrome frente a otros navegadores: quién da más control sobre la IA

La controversia de Gemini Nano ha puesto en el escaparate cómo gestiona cada navegador la llegada de la inteligencia artificial. Firefox, por ejemplo, ha optado por agrupar sus opciones en un apartado claro llamado «Controles de IA», disponible desde la versión 148. Desde ahí se pueden bloquear funciones actuales y futuras relacionadas con la IA, y se separan secciones específicas como traducciones, IA en el dispositivo o proveedores de chatbots en la barra lateral.

Brave, por su parte, integra su propio asistente Leo con una política de comunicación más explícita sobre qué se descarga y por qué. Sus controles están documentados y las opciones de activación o bloqueo aparecen de forma algo más transparente que en Chrome, incluyendo flags en brave://flags y páginas de ayuda claras para el usuario medio.

En el ecosistema de Apple, Safari pone mucho énfasis en el procesamiento on-device en sus anuncios, aunque la documentación detallada sobre modelos concretos en el navegador sigue siendo más limitada. La tendencia general es la misma: reforzar funciones con IA ejecutadas en el propio equipo, pero con distintos enfoques sobre cómo se comunica al usuario y qué margen de control real se le da.

El caso de Chrome, por su escala, funciona casi como un termómetro de hacia dónde se dirige la industria, con iniciativas como el nuevo agente de IA de Chrome: modelos cada vez más grandes que se instalan en segundo plano, actualización silenciosa y un debate creciente sobre si estas prácticas deben normalizarse o, por el contrario, someterse a reglas mucho más estrictas de transparencia y consentimiento.

En el contexto europeo, donde España aporta una parte relevante del tráfico de internet y donde la regulación de privacidad es especialmente exigente, no es descabellado pensar que lo ocurrido con Gemini Nano obligue a replantear cómo se despliegan estas tecnologías. Para algunos usuarios, tener un modelo de IA local que detecte estafas y mejore la escritura será un plus; para otros, que el navegador decida por su cuenta dedicar 4 GB de su disco a ese fin es, sencillamente, ir demasiado lejos.

Lo que este episodio deja claro es que la carrera por integrar la inteligencia artificial en el navegador ya no es solo una cuestión de funciones llamativas, sino de quién controla realmente el dispositivo del usuario, qué margen de elección tiene y hasta qué punto se prioriza la transparencia frente a la comodidad de hacerlo todo en silencio. Chrome, con Gemini Nano, ha encendido una alarma que va más allá de los 4 GB: afecta a la confianza en el software que usamos a diario.

integración de Gemini en Google Chrome
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