
Los cortes de internet provocados por las obras de soterramiento de la A-5 se han convertido en un problema recurrente para miles de vecinos de Madrid, especialmente en el distrito de Latina, la zona de Alto de Extremadura, Batán y varios puntos de Pozuelo de Alarcón. Lo que para muchos era un proyecto urbano esperado está dejando tras de sí una estela de desconexiones, averías y mucha frustración vecinal.
En los últimos meses, las interrupciones del servicio de fibra óptica se repiten con una frecuencia que muchos residentes consideran ya inasumible: cada poco tiempo se vuelve a cortar el cable y vuelven a caer internet, la telefonía fija e incluso la televisión. Para quien solo navega esporádicamente puede ser un fastidio, pero para quienes teletrabajan o dependen de la red para su negocio, el impacto está siendo bastante serio.
Una cadena de cortes de fibra vinculados a las obras
Los distintos incidentes comparten un mismo patrón: una máquina de las obras de soterramiento del Paseo de Extremadura/A-5 alcanza un cable troncal de fibra óptica y deja sin servicio a miles de abonados. La vicealcaldesa de Madrid, Inma Sanz, ha confirmado en varias ocasiones que estas averías están relacionadas con los trabajos que se ejecutan en la zona.
Según los testimonios recogidos y la información difundida por Ayuntamiento y operadoras, los cortes se han repetido en julio, agosto, noviembre y enero, además de nuevos episodios recientes. En algunos casos, el problema se ha limitado a unas horas; en otros, como relatan varios vecinos, la desconexión se ha alargado durante dos o tres días, dejando a usuarios sin poder mandar un simple mensaje de WhatsApp o conectarse para trabajar.
Las áreas más afectadas se concentran en el entorno de Alto de Extremadura, el barrio de Batán y distintas zonas de Pozuelo de Alarcón, incluyendo urbanizaciones como La Finca. La incidencia no distingue de operador: clientes de Movistar y O2, Orange, Vodafone, Jazztel, Digi y otros proveedores mayoristas han reportado problemas simultáneos, lo que indica que los cables troncales que dan servicio a múltiples compañías.
Desde el Ayuntamiento se ha insistido en que los operadores de telecomunicaciones son los encargados de completar las reparaciones y restablecer la normalidad. Por su parte, las autoridades municipales han anunciado revisiones de los protocolos de obra para dilucidar exactamente cómo se están produciendo estos cortes y qué ajustes son necesarios para reducir el riesgo de nuevas incidencias.
Cómo se queda la vida diaria sin fibra óptica
En cuanto se produce uno de estos cortes, el impacto se nota casi al momento. En muchos hogares, la primera señal de que algo va mal es la caída del WiFi y de la televisión cuando se utiliza un descodificador que depende de la fibra, como ocurre con Movistar Plus+. De un minuto para otro dejan de funcionar plataformas en streaming, videollamadas desde WhatsApp Web, navegación web y cualquier otro servicio digital que dependa de esa conexión fija.
Para quienes teletrabajan, la incidencia supone un problema especialmente delicado. Varios vecinos han explicado que no pueden conectarse a las VPN de sus empresas, participar en reuniones online o subir documentación, lo que les obliga a buscar alternativas improvisadas como internet por satélite, desde irse a trabajar a otra casa con conexión hasta confiar única y exclusivamente en los datos móviles del teléfono.
Los comercios tampoco se libran. En algunos supermercados y tiendas de la zona, las TPV se quedan sin conexión estable y dejan de funcionar los pagos con el móvil o con tarjetas sin contacto. En esos momentos, la única opción es volver a lo de siempre: efectivo o introducir la tarjeta física en la ranura del terminal para que el pago se procese por línea alternativa.
En redes sociales se acumulan los mensajes de usuarios que aseguran llevar más de 48 horas sin internet, fijo y TV, pidiendo explicaciones, un número de incidencia y compensaciones en la factura. Otros destacan el hartazgo por la reiteración del problema: «Esto ocurre cada 1-2 meses. Esto es una vergüenza», se queja un vecino en X. La sensación general es que las obras avanzan, pero los perjuicios para quienes viven en la zona se repiten una y otra vez.
Las operadoras afectadas, como Movistar y los grandes grupos que utilizan su red mayorista (entre ellos O2 o algunos clientes de Vodafone y Orange), admiten que es al menos la tercera o cuarta ocasión en que un corte de fibra vinculado a la A-5 deja sin servicio a miles de usuarios. Desde MásOrange señalan que, en los últimos episodios, la mayoría de sus clientes han ido recuperando la conexión de forma progresiva, aunque siempre quedan bolsas de afectados que tardan más en volver a la normalidad. Estos incidentes recuerdan otras caídas masivas que afectan a múltiples servicios.
Lo que hacen (y lo que no) las operadoras ante la avería
Cuando se produce la rotura del cable, la capacidad de reacción de los usuarios es limitada. La mayoría se entera del problema al notar la caída del servicio o al leer quejas en redes sociales. A partir de ahí, el primer paso suele ser llamar al servicio de atención al cliente de la operadora para confirmar la incidencia y solicitar posibles medidas de mitigación.
En algunos casos, compañías como O2 o Movistar han ofrecido bonos de datos móviles ilimitados en todas las líneas asociadas al contrato mientras dura la avería. Esto permite, al menos, seguir conectados a través del móvil y compartir la conexión con otros dispositivos mediante tethering. Sin embargo, no siempre se activa de forma automática: varios usuarios explican que han tenido que llamar expresamente para que se lo habilitasen.
Esta necesidad de ser proactivo provoca que muchos se pasen varios minutos en espera al teléfono, algo lógico si se tiene en cuenta que una misma avería puede afectar a miles de personas llamando a la vez. Algunos relatan esperas de cinco o seis minutos, otros algo más. En cualquier caso, quien no llama o no insiste puede quedarse sin esa alternativa mientras dure el corte de fibra.
El uso de tethering se ha convertido en la tabla de salvación para muchos vecinos. Compartir los datos del móvil con el ordenador permite seguir trabajando con relativa normalidad, navegar a velocidades razonables e incluso ver contenido en streaming en dispositivos como un Chromecast. Eso sí, esta solución también tiene límites: la cobertura móvil puede saturarse en zonas con mucha demanda y no todas las tarifas contemplan datos ilimitados si no hay una oferta específica por parte del operador.
Por ahora, las compañías no siempre comunican de forma homogénea estas medidas en redes sociales. En algunas incidencias se ha visto a operadoras reconocer el problema y detallar las compensaciones; en otras, la información oficial ha sido más escasa, dejando a los clientes con la sensación de que solo se enteran de los avances si insisten por canales de atención individual.
Reparar un cable troncal de fibra: un proceso complejo
La pregunta que muchos se hacen es por qué estas averías no se solucionan en cuestión de minutos. La respuesta está en la propia naturaleza de la infraestructura: no es lo mismo reparar una acometida individual que un cable troncal que da servicio a miles de líneas. Cuando una máquina de obra corta una de estas fibras principales, el proceso técnico de recuperación es delicado y lleva su tiempo.
Los técnicos comienzan por localizar el punto exacto del corte utilizando un OTDR (reflectómetro óptico), una herramienta que permite determinar con precisión centimétrica dónde se ha producido la rotura. Este paso es clave para no tener que abrir más zanja de la necesaria y reducir el tiempo de intervención sobre el terreno.
Una vez hallado el tramo dañado, llega la parte más laboriosa: el empalme por fusión de los hilos de fibra. Un cable troncal contiene multitud de fibras muy finas, y cada una de ellas debe ser alineada y soldada una a una, mediante equipos que alcanzan temperaturas cercanas a los 1.800 °C. Cualquier desajuste en la alineación puede provocar pérdidas de señal apreciables.
Completado el empalme, se procede a la fase de certificación de la reparación. Se realizan pruebas para comprobar que la pérdida de señal en cada unión es mínima (habitualmente inferior a 0,3 dB) y que la capacidad de la red vuelve a los niveles previstos. Solo cuando estas mediciones son satisfactorias se da por cerrada la intervención.
Según fuentes técnicas consultadas por medios especializados, este procedimiento completo suele requerir entre 5 y 8 horas en condiciones ideales. Si el acceso a la zona de obras es complicado, si el tramo afectado es muy largo o si se detectan daños adicionales, los tiempos pueden alargarse. A esto hay que sumar la coordinación con la empresa responsable de la obra civil y, en ocasiones, con las administraciones públicas.
El papel del Ayuntamiento y la revisión de protocolos
Desde el Ayuntamiento de Madrid se reconoce que las incidencias están vinculadas a las obras de soterramiento de la A-5, una actuación que busca mejorar la integración urbana de la vía y reducir su impacto en los barrios colindantes. Sin embargo, la cercanía de las zanjas y maquinaria a infraestructuras críticas como la fibra óptica, el suministro eléctrico o el saneamiento obliga a extremar las precauciones.
La vicealcaldesa, Inma Sanz, ha explicado que se está analizando con más detalle el origen exacto de los cortes, con el objetivo de ajustar los procedimientos de trabajo si es necesario. La revisión incluye comprobar cómo se están cartografiando las canalizaciones existentes, qué medidas de protección se adoptan antes de excavar y cómo se coordinan las empresas contratistas con los operadores de telecomunicaciones.
El Consistorio insiste en que la mayoría de las incidencias se han resuelto en plazos relativamente breves, aunque reconoce que en algunos casos han persistido afecciones puntuales que se han prolongado más de lo esperado. Mientras tanto, reitera que la responsabilidad de reparar la red recae en las operadoras, aunque las causas sean externas a estas compañías.
Entre los vecinos, sin embargo, gana peso la idea de que algo falla en la planificación o en la ejecución de las obras si cada pocas semanas aparece una nueva avería de este tipo. El hecho de que se acumulen antecedentes en verano, en otoño, en enero y en fechas recientes alimenta la percepción de que no se trata de accidentes completamente aislados, sino de un problema de fondo que todavía no se ha corregido del todo.
En este contexto, las peticiones vecinales apuntan a dos frentes: por un lado, mayor información y transparencia sobre lo que ocurre en cada incidencia; por otro, compromisos claros de que se van a reforzar los protocolos para minimizar el riesgo de que la historia se repita con la misma frecuencia.
El encadenamiento de averías por las obras de la A-5 ha dejado claro que la conectividad se ha convertido en un servicio tan esencial como la electricidad o el agua para buena parte de la población. Cada nuevo corte pone a prueba la coordinación entre constructoras, administraciones y operadoras, y deja a los vecinos en una situación incómoda en la que deben tirar de datos móviles, paciencia y llamadas al servicio de atención al cliente mientras esperan a que la fibra vuelva a encenderse.