Llevamos años escuchando rumores sobre cuándo se decidirán en Cupertino a dar el salto al mercado de los dispositivos flexibles. Parece que la espera ya tiene una fecha marcada en el calendario, ya que diversas fuentes del sector apuntan a que el primer iPhone plegable de Apple verá la luz en 2026, probablemente compartiendo escenario con la futura gama del iPhone 18. Este movimiento no solo supondría un cambio radical en el diseño del teléfono más icónico del mundo, sino que también marcaría el inicio de una nueva era bajo la dirección de John Ternus como flamante CEO de la compañía.
La estrategia que rodea a este lanzamiento recuerda mucho a lo que vivimos en su día con el iPhone X. No se trata solo de sacar un producto nuevo, sino de introducir una tecnología que, por su complejidad, limitará mucho el stock durante los primeros meses de vida. Aunque la presentación oficial se realice en el tradicional evento de septiembre, es muy probable que los usuarios tengan que esperar varias semanas para poder tenerlo en sus manos, con envíos que podrían retrasarse hasta el último trimestre del año.
Una estrategia de stock limitado y exclusividad

A pesar de que Apple suele vender millones de unidades de sus modelos Pro casi sin despeinarse, con el modelo plegable las cifras serán algo más modestas al principio. Los analistas más cercanos a la cadena de suministro sugieren que la producción inicial rondará los 10 millones de unidades, una cifra que, aunque parezca alta, es pequeña comparada con los volúmenes habituales de la marca. Aun así, este objetivo supera con creces las ventas actuales de sus competidores directos, lo que demuestra que en Apple confían ciegamente en que sus seguidores van a pasar por caja a pesar de las dificultades.
El problema principal para los que quieran ser los primeros en lucir este nuevo juguete será la disponibilidad. Se espera que las reservas se agoten en cuestión de minutos y que los tiempos de espera se alarguen hasta las seis semanas de forma habitual. Esta escasez no es algo casual, sino el resultado de un proceso de fabricación muy meticuloso donde la bisagra y la pantalla flexible deben superar unos estándares de calidad que son, como siempre en esta marca, bastante exigentes. Además, este escenario de alta demanda y poca oferta suele ser el caldo de cultivo ideal para que los precios en la reventa se disparen por las nubes.
Precio y especificaciones de un dispositivo de lujo
Si estás pensando en ahorrar para este terminal, vete preparando la cartera porque no va a ser nada barato. Entre la crisis de las memorias que encarece los chips y lo costoso que resulta fabricar un panel OLED que se dobla, el precio del iPhone plegable podría situarse entre los 2.300 y 2.500 euros. Es una cantidad que marea un poco, pero Apple justifica este desembolso con un hardware de primer nivel que incluiría una pantalla exterior de 5,5 pulgadas para el uso rápido y un impresionante panel interior de 7,8 pulgadas para cuando necesitemos más espacio.
Lo más sorprendente de las filtraciones es el grosor del dispositivo. Se comenta que, una vez desplegado, el teléfono tendrá un perfil de tan solo 5 milímetros, lo que lo convertiría en uno de los plegables más finos del mercado actual. Para lograr este hito de ingeniería sin sacrificar la potencia, Apple utilizaría el mismo procesador que monten los modelos Pro de ese año, asegurando que el rendimiento esté a la altura de lo que se espera de un dispositivo que cuesta lo mismo que un ordenador de gama alta.
Alianzas estratégicas para asegurar la calidad
Para que todo este engranaje funcione, Apple ha tenido que estrechar lazos con socios de toda la vida. Samsung será el principal proveedor de los paneles flexibles, tras haber demostrado que sus pantallas OLED cumplen con la durabilidad necesaria para que no aparezca la temida arruga en el centro del dispositivo. Es un matrimonio de conveniencia donde Apple pone el diseño y el software, y Samsung aporta su experiencia fabricando millones de pantallas para sus propios modelos Fold. No obstante, Apple también está explorando nuevos proveedores para componentes de memoria, buscando esquivar los altos costes actuales del mercado tecnológico.
Aunque el lanzamiento parece estar ya encarrilado para dentro de un par de años, el verdadero éxito de esta apuesta no se podrá medir hasta bien entrado 2027. Será entonces cuando el suministro se estabilice y veamos si el público general abraza este formato o si se queda como un producto de nicho para los más entusiastas. Lo que está claro es que y obligará al resto de fabricantes a ponerse las pilas para no perder su trozo del pastel en la gama más alta.
Todo apunta a que el año 2026 marcará un antes y un después en el catálogo de la manzana con la llegada de este iPhone Ultra o Fold. Con un diseño que promete ser revolucionario, especificaciones de infarto y un precio que lo sitúa en la cúspide del mercado de lujo, el dispositivo aspira a duplicar las ventas de sus rivales directos a pesar de los cuellos de botella en la fabricación. La clave de su éxito residirá en cómo la compañía gestione las altísimas expectativas de los usuarios frente a un stock inicial que se prevé bastante escaso durante sus primeros meses de vida.
