Parece que la larga espera por fin está llegando a su fin y los rumores sobre el dispositivo que cambiará el rumbo de la manzana mordida han dejado de ser simples castillos en el aire. Apple lleva tiempo trabajando en la sombra bajo el código interno ‘V68’, y todo indica que su primer smartphone flexible está a la vuelta de la esquina, rompiendo con años de cautela frente a lo que ya han hecho marcas como Samsung o Huawei.
Aunque en los pasillos de la industria se suele pecar de optimismo, las filtraciones más recientes que llegan desde las cadenas de suministro sitúan el mes de septiembre de 2026 como el momento clave para su puesta de largo. No obstante, no hay que lanzar las campanas al vuelo todavía, ya que algunos ingenieros sugieren que, si las pruebas de resistencia no salen perfectas, el lanzamiento podría demorarse un pelín más para asegurar esa calidad que tanto obsesiona a la peña de Cupertino.
Un diseño tipo libro que apuesta por la amplitud
A diferencia de otros modelos que optan por ser muy alargados, el iPhone plegable (que podría llamarse iPhone Fold o incluso iPhone Ultra) tendrá un formato mucho más cuadrado. La idea no es simplemente tener un móvil que se estire, sino contar con una pantalla exterior de unas 5,5 pulgadas que, al abrirse, nos regale un panel OLED de 7,8 pulgadas con una relación de aspecto 4:3, algo que lo sitúa prácticamente en el terreno de las tablets pequeñas.
El grosor es otro de los puntos donde Apple quiere dar un golpe sobre la mesa. Se dice que el terminal será increíblemente fino, con apenas 9 milímetros cuando esté cerrado, lo que facilitará que no parezca un ladrillo en el bolsillo. Para conseguir esta robustez sin que el peso se dispare, se combinarán materiales de alta tecnología como el titanio y el aluminio, logrando una estructura sólida pero manejable para el día a día.
La batalla final contra la arruga de la pantalla
Si hay algo que ha frenado a los chicos de Tim Cook todos estos años es el dichoso pliegue que se queda marcado en medio de la pantalla. Para solucionar este engorro, la compañía ha apostado por una bisagra de metal líquido, un material amorfo que es mucho más elástico y resistente que los metales normales, lo que debería permitir que el panel se doble miles de veces sin dejar rastro.
Bajo la pantalla encontraremos un refuerzo metálico y el uso de un cristal Ultra Thin Glass fabricado por Corning. El objetivo es que la hendidura sea de menos de 0,15 milímetros, resultando prácticamente invisible al ojo humano y al tacto. Es un reto técnico de narices, pero parece que Apple está dispuesta a gastarse los cuartos para que la experiencia sea impecable y no se note ese salto tan molesto al deslizar el dedo.
Hardware de infarto y el regreso de un viejo conocido
En el interior de esta bestia latirá el futuro chip A20 Pro, fabricado en un proceso de 2 nanómetros por TSMC. Este procesador no solo será una máquina de volar, sino que vendrá acompañado de 12 GB de memoria RAM para poder mover con soltura todas las aplicaciones en modo multitarea. Curiosamente, debido a la extrema delgadez del chasis, parece que no habrá sitio para los sensores del Face ID, por lo que el lector de huellas Touch ID volverá a la carga integrado en el botón de encendido lateral.
En cuanto al apartado fotográfico, nos olvidaríamos del teleobjetivo en esta primera versión, centrando todos los esfuerzos en un doble sensor de 48 megapíxeles que promete fotos de cine. Además, la batería no se queda atrás, moviéndose en cifras cercanas a los 5.500 mAh, lo que debería ser suficiente para aguantar el tirón de alimentar dos pantallas con tecnología ProMotion a 120 Hz sin que tengamos que buscar un enchufe a mitad de la tarde.
Software adaptado y un precio para bolsillos pudientes
De nada sirve tener un hardware increíble si el software no acompaña. Por eso, Apple está cocinando una función llamada ‘Parallel View’, que permitirá que las aplicaciones de iOS se adapten automáticamente al formato desplegado sin que se vean estiradas o raras. Esto es fundamental para que el paso del modo móvil al modo tablet sea suave como la seda y los desarrolladores no tengan que romperse la cabeza adaptando cada app una a una.
Eso sí, preparar la cartera porque la broma no va a salir barata. Se rumorea que este dispositivo se posicionará como el más caro de la historia de la marca, superando con creces la barrera de los 2.000 o incluso 2.500 euros en el mercado europeo. Es un precio de infarto, pero Apple confía en que el valor añadido de tener un iPhone que se convierte en iPad convenza a los usuarios más entusiastas que buscan lo último de lo último.
La llegada de este dispositivo supone el cambio más radical en la telefonía de la manzana desde que eliminaron el botón de inicio, planteando una nueva forma de interactuar con el ecosistema de la marca a través de una experiencia híbrida muy ambiciosa. Con una construcción basada en el metal líquido, un rendimiento de próxima generación y una pantalla que promete desterrar los problemas de sus rivales, este terminal está llamado a marcar una época, siempre y cuando el usuario esté dispuesto a realizar una inversión económica sin precedentes para llevar el futuro en la palma de su mano.


