Google añade nuevas funciones de IA a Gmail y reabre el debate sobre la privacidad

  • Gmail integra Gemini para resumir correos, proponer respuestas y ofrecer una nueva bandeja de entrada inteligente
  • Parte de las funciones de IA son gratuitas y otras se vinculan a suscripciones de pago con herramientas avanzadas
  • Defensores de la privacidad alertan de que el escaneo de correos podría usarse para entrenar modelos de IA
  • Se recomienda revisar y ajustar las funciones inteligentes y de personalización en la configuración de Gmail

Funciones de inteligencia artificial en Gmail

Gmail está viviendo un momento de cambio profundo: Google está incorporando capacidades de inteligencia artificial generativa en su servicio de correo al tiempo que crece la preocupación por el uso de los datos personales de los usuarios. La combinación de nuevas funciones avanzadas y advertencias sobre privacidad está generando un intenso debate público, también en Europa.

Por un lado, el gigante tecnológico promete una bandeja de entrada más ordenada, respuestas automáticas y redacción asistida gracias a su asistente Gemini; por otro, expertos y defensores de la privacidad avisan de que estas mismas funciones inteligentes implican que los mensajes pueden ser analizados de forma masiva, algo especialmente delicado cuando se trata de correos privados o laborales con información sensible.

Nuevas funciones de IA en Gmail: una bandeja de entrada más inteligente

La compañía ha iniciado una transformación relevante de Gmail mediante la integración de Gemini, su sistema de inteligencia artificial generativa, con el objetivo de aliviar bandejas de entrada saturadas, localizar mensajes concretos con mayor rapidez y facilitar la escritura de correos. Estas capacidades se están desplegando de forma progresiva a usuarios de todo el mundo, incluido el entorno europeo.

El cambio más llamativo es la llegada de una bandeja de entrada impulsada por IA que se aparta del clásico listado cronológico. En lugar de limitarse a mostrar los correos por fecha, el sistema genera una especie de resumen ejecutivo de lo importante a partir del análisis de los mensajes más recientes y de los hilos de conversación abiertos.

Gemini es capaz de detectar conversaciones relevantes, resumir correos largos y priorizar tareas pendientes, al tiempo que relega a un segundo plano correos promocionales o de escaso interés. De este modo, se pretende reducir la sensación de desborde que provocan los cientos de mensajes sin leer, tanto en contextos profesionales como personales.

La idea de Google es que el usuario abra Gmail y vea, de un vistazo, las gestiones clave del día: confirmaciones de citas, plazos para trámites, formularios por completar o mensajes que requieren respuesta urgente. Todo ello sin tener que bucear entre interminables cadenas de correos ni revisar uno por uno los mensajes nuevos.

Este movimiento da continuidad a la estrategia que la empresa inició en su buscador, donde las respuestas generadas por IA empezaron a ocupar un lugar prioritario por encima de los resultados tradicionales. Ahora, esa misma lógica se traslada a un servicio que utilizan a diario cerca de 1.800 millones de personas en todo el mundo, con potencial para modificar la forma en que entendemos el correo electrónico.

Herramientas gratuitas y funciones de pago con IA avanzada

Dentro de Gmail ya se pueden utilizar varias funciones de inteligencia artificial sin coste adicional, pensadas para el usuario medio que solo quiere ahorrar tiempo al gestionar su bandeja de entrada. Entre las herramientas gratuitas más destacadas están las respuestas automáticas contextualizadas, los resúmenes de hilos y la escritura asistida.

Por ejemplo, el sistema puede generar respuestas sugeridas personalizadas analizando el contenido del correo recibido y el estilo de escritura habitual del usuario. No se limita a frases genéricas: la IA intenta imitar el tono previo de la persona, de forma que las propuestas resulten naturales y coherentes.

Otra de las novedades ya activas es la aparición de resúmenes en la parte superior de las conversaciones extensas. En vez de leer todo un hilo con decenas de correos, el usuario ve un extracto con los puntos clave: acuerdos alcanzados, asuntos pendientes y mensajes más recientes relevantes.

A esto se suma el conocido botón “Ayúdame a escribir”, que permite redactar borradores completos a partir de unas pocas indicaciones. El usuario puede pedir, por ejemplo, un correo formal para responder a un cliente, una solicitud de información o un mensaje de disculpa, y la IA genera el texto inicial, listo para pulir y enviar.

Para quienes buscan ir más allá, Google ofrece planes avanzados de IA vinculados a suscripciones de pago, con precios que parten de unos 20 dólares mensuales en los mercados donde ya están disponibles. Entre las funciones premium se encuentra una potente búsqueda conversacional dentro del correo: en vez de escribir palabras sueltas, el usuario puede preguntar con lenguaje natural, como si hablara con otra persona.

Búsqueda conversacional y corrección profesional del texto

Una de las características de pago que más interés despierta es la búsqueda conversacional dentro de Gmail. En lugar de usar filtros tradicionales, etiquetas o combinaciones de palabras clave, el usuario puede lanzar preguntas complejas en lenguaje cotidiano para encontrar información específica en el historial de correos.

Por ejemplo, es posible pedirle al sistema algo como: “¿Cómo se llamaba el técnico que vino a casa a revisar la caldera el año pasado?” o “Enséñame las facturas del proveedor de internet de marzo y abril”. La IA rastrea el contenido de los mensajes y devuelve los correos relevantes, incluso aunque el usuario no recuerde el asunto exacto ni el remitente.

Junto a esta búsqueda avanzada, los suscriptores tienen acceso a un corrector de texto de nivel profesional. Más que marcar faltas ortográficas aisladas, la herramienta puede proponer reescrituras completas, ajustando tono, claridad y estructura. De esta manera, se facilita la redacción de correos formales, presentaciones corporativas o comunicaciones sensibles en entornos laborales.

Estas capacidades pueden resultar especialmente útiles para profesionales, pymes y equipos que dependen del correo electrónico para su actividad diaria en España y en el resto de Europa, donde Gmail se ha consolidado como una de las plataformas más utilizadas tanto en el ámbito empresarial como educativo.

La contrapartida es que, para que estos modelos funcionen, la IA necesita analizar de forma profunda el contenido de los correos, algo que choca de lleno con las inquietudes de quienes priorizan la confidencialidad de sus comunicaciones y exigen un mayor control sobre el tratamiento de sus datos personales.

Funciones inteligentes, entrenamiento de IA y advertencias de privacidad

La expansión de estas funciones inteligentes ha reavivado la preocupación sobre cómo y para qué se usan los datos que circulan por Gmail. Defensores de la privacidad han advertido recientemente a los usuarios para que revisen y, en su caso, desactiven determinadas opciones, ante el temor de que Google pueda escanear correos privados y archivos adjuntos con fines de entrenamiento de sus modelos de IA.

Según denunció el ingeniero australiano de diseño electrónico Dave Jones, todas las cuentas de Gmail habrían sido configuradas por defecto para permitir que los mensajes se analicen con fines relacionados con herramientas de IA como Gemini, en una activación que sitúa en octubre de 2025. Esta configuración, aseguran, se habría aplicado sin un aviso suficientemente claro para la mayoría de usuarios.

En publicaciones en X (antes Twitter), Jones explicó que esto implicaría que correos personales y laborales podrían utilizarse sin un consentimiento explícito más allá de la aceptación general de las condiciones del servicio. De ahí su recomendación de desactivar manualmente las llamadas «Funciones Inteligentes» en la configuración de Gmail y de Google Workspace.

Estas advertencias se producen en un contexto en el que Google sostiene en su política de privacidad que utiliza la información para mejorar sus servicios y desarrollar nuevas funciones y tecnologías. La compañía ha defendido, además, que no emplea directamente el contenido de Gmail para entrenar a Gemini, sino que los datos se procesan en entornos aislados con medidas específicas de protección.

Sin embargo, diversos expertos en seguridad y privacidad señalan que, incluso aceptando estas declaraciones, el mero acceso técnico de la IA al contenido de los correos puede aumentar los riesgos, sobre todo cuando los mensajes incluyen datos especialmente sensibles, como información financiera, detalles médicos, documentación legal o información personal de terceros.

Cómo desactivar las funciones inteligentes y qué se pierde al hacerlo

En respuesta a estas preocupaciones, cada vez más voces recomiendan que los usuarios revisen a fondo las opciones de privacidad y personalización de Gmail. El proceso para desactivar las funciones inteligentes varía ligeramente entre la versión de escritorio y la aplicación móvil, pero en ambos casos requiere entrar a apartados específicos de la configuración.

En ordenadores, hay que acceder a la sección «Ver toda la configuración» y, dentro de ella, buscar el bloque de Funciones inteligentes en Gmail, Chat y Meet. Desde ahí se puede desmarcar la opción que permite estas funciones y, además, revisar el enlace de «Administrar la configuración de funciones inteligentes de Workspace» antes de guardar los cambios, para asegurarse de que tampoco se apliquen a otras aplicaciones vinculadas.

En móviles, el camino pasa por abrir «Configuración», elegir la cuenta que se quiere ajustar y entrar en el apartado de Privacidad de datos. Allí es posible desactivar «Funciones inteligentes y personalización» y modificar también la configuración específica de las funciones inteligentes de Google Workspace. La operación se puede revertir en cualquier momento si el usuario cambia de opinión.

Ahora bien, al desactivar estas funciones se producen algunos efectos colaterales que no han dejado indiferente a parte de la comunidad. Varios usuarios han expresado su malestar en redes sociales al comprobar que, al apagar las funciones inteligentes, desaparecen las clásicas pestañas de la bandeja de entrada como «Promociones», «Social» o «Actualizaciones», dejando los correos entrantes sin filtrar.

Quienes se han encontrado con esta situación critican que, para recuperar un mayor control sobre la privacidad, se vean obligados a renunciar a herramientas de organización que habían interiorizado en su rutina diaria. La sensación de muchos es que todo vuelve a caer en una única bandeja, con el consiguiente caos de mensajes importantes mezclados con publicidad, boletines y notificaciones.

Demandas, dudas sobre el consentimiento y marco europeo

Las tensiones entre la expansión de la IA en Gmail y las garantías de privacidad no se quedan solo en comentarios en redes. En noviembre de 2025, en Estados Unidos se presentó una demanda colectiva contra Google encabezada por el residente de Illinois Thomas Thele, que busca representar a todos los usuarios de Gmail del país cuyos mensajes de Gmail, Chat o Meet habrían sido escaneados por sistemas de IA tras activarse estas opciones de forma automática.

La demanda sostiene que, al habilitar por defecto estas capacidades, no se habría recabado un consentimiento suficientemente informado de los afectados, algo especialmente sensible cuando se manejan comunicaciones privadas. Aunque el caso se centra en usuarios estadounidenses, el debate resuena con fuerza en Europa, donde el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) impone exigencias estrictas en materia de transparencia y consentimiento.

En el ámbito europeo, incluidas España y el resto de Estados miembros, las autoridades de protección de datos suelen vigilar de cerca cómo grandes plataformas como Google introducen cambios en el tratamiento de la información personal, especialmente cuando intervienen tecnologías tan potentes como la IA generativa. Cualquier evolución relevante en el uso de los datos podría atraer el interés de los reguladores.

Otro punto que preocupa a los expertos es que, incluso cuando un usuario decide desactivar las funciones inteligentes, sus correos pueden seguir viéndose afectados si la otra parte de la conversación mantiene activadas dichas opciones. Es decir, la protección nunca es completa mientras alguna de las personas involucradas permita a la IA operar sobre el contenido del intercambio.

A esto se suma la pregunta de hasta qué punto se puede confiar en que los cambios de configuración elegidos por el usuario se respeten siempre y no se reviertan a futuro con nuevas actualizaciones o ajustes por defecto. La historia de algunas plataformas muestra que estos detalles no siempre se comunican de forma clara, lo que incrementa la desconfianza en los sectores más críticos.

El despliegue de la inteligencia artificial en Gmail sitúa a millones de usuarios ante una disyuntiva cada vez más habitual: aprovechar las ventajas de una gestión de correo más rápida y automatizada o priorizar el control estricto sobre sus datos sacrificando parte de la comodidad. Entre bandejas de entrada inteligentes, resúmenes automáticos y búsquedas conversacionales, el correo de siempre empieza a parecerse menos a lo que era; a cambio, la privacidad y la seguridad de la información obligan a estar más pendientes que nunca de la letra pequeña y de las opciones de configuración disponibles.

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