Apple e Intel han pasado de la ruptura a una nueva fase de colaboración: según múltiples informes de analistas y medios especializados, Intel ya ha comenzado a fabricar chips de prueba para iPhone, iPad y Mac diseñados por Apple. Se trata de un movimiento que no supone la vuelta a los viejos procesadores Intel Core en los Mac, pero sí marca un cambio profundo en la forma en que la compañía de Cupertino organiza su cadena de suministro.
La alianza no implica renunciar a Apple Silicon ni a TSMC, que sigue siendo el socio principal. Más bien, forma parte de una estrategia para reducir la dependencia de un único fabricante en Taiwán, mitigar riesgos geopolíticos y asegurarse capacidad de producción en un contexto de fuerte demanda de chips por la explosión de la inteligencia artificial.
Qué está fabricando Intel para Apple ahora mismo
Según el analista Ming-Chi Kuo y otros reportes de la industria, Intel ya está produciendo chips para Apple utilizando su proceso de fabricación 18A-P combinado con empaquetado Foveros. Estos primeros lotes no corresponden a los procesadores más punteros, sino a modelos de gama baja o generaciones anteriores de iPhone, iPad y Mac que todavía se venden, pero que no representan la cúspide del catálogo.
Kuo detalla que la distribución de pedidos que Apple ha colocado en Intel replica la realidad comercial de la compañía: alrededor del 80 % del volumen va destinado al iPhone, mientras que el resto se reparte entre iPad y Mac. Esta mezcla de encargos permite a Apple probar la capacidad de Intel en un escenario relativamente controlado, sin poner en riesgo los lanzamientos más críticos.
De momento, la fabricación se encuentra en una fase limitada. El calendario que se maneja en la cadena de suministro apunta a pruebas a pequeña escala durante 2026, seguidas de una producción mucho más relevante a partir de 2027 y 2028. Intel completaría este ciclo alrededor de 2029, cuando el nodo 18A-P llegue al final de su vida comercial.
Paralelamente, Apple no se queda solo con el 18A-P. La compañía está evaluando otros nodos avanzados de Intel para el futuro, dentro de una hoja de ruta que podría abrir la puerta a procesos aún más finos en la segunda mitad de la década, siempre que el fabricante estadounidense demuestre que puede cumplir con los exigentes estándares de Cupertino.

Qué papel tendrá Intel y qué pasa con TSMC
Uno de los puntos clave del acuerdo es que Intel no diseña los procesadores de Apple. La época en la que los Mac montaban CPUs Intel Core, diseñadas y marcadas por la hoja de ruta de Intel, quedó atrás en 2020 con el salto definitivo a Apple Silicon. Ahora el modelo es justo el contrario: Apple define la arquitectura, diseña el chip y controla la optimización; Intel se limita a fabricarlo en sus plantas como fundición externa.
En esta primera etapa, los encargos se centrarán en los chips de entrada y generaciones previas. Es decir, los que alimentan modelos como el iPhone más asequible, algunos iPad (como los Air) y equipos como el MacBook Air o el Mac mini. Son procesadores que se fabrican en grandes volúmenes, lo que permite a Intel rodar sus líneas y a Apple ganar margen de maniobra sin comprometer sus gamas más exigentes.
A pesar del nuevo socio, TSMC seguirá siendo el pilar de la estrategia de hardware de Apple. Kuo y otras fuentes coinciden en que la fundición taiwanesa mantendrá más del 90 % de la producción de chips de la compañía, incluyendo los procesadores más avanzados. Los SoC de última generación de la serie A para iPhone de gama alta y los chips M más potentes (Pro, Max o Ultra) seguirán saliendo de las fábricas de TSMC, al menos en el corto y medio plazo.
Esta configuración convierte la alianza con Intel en una pieza complementaria dentro de la cadena de suministro, más que en un relevo. Apple suma un segundo proveedor de peso en lugar de sustituir al actual. De este modo, gana colchón si se producen tensiones de capacidad, problemas logísticos o imprevistos políticos que afecten a Taiwán.
Por qué Apple recurre ahora a Intel
La decisión de acercarse a Intel tiene menos que ver con un cambio de rumbo tecnológico y más con una combinación de factores geopolíticos, capacidad de producción y poder de negociación. La demanda global de semiconductores de vanguardia se ha disparado con el auge de la inteligencia artificial, y TSMC se ha convertido en un recurso extremadamente disputado.
Durante años, Apple fue el gran cliente prioritario de TSMC. Sin embargo, la irrupción de NVIDIA y otros gigantes de la IA ha reordenado la lista de prioridades. La producción de chips para centros de datos y aceleradores de inteligencia artificial consume una parte enorme de la capacidad de los nodos más avanzados, lo que ha reducido el margen de maniobra de Apple a la hora de asegurar volúmenes y plazos para sus SoC.
El propio Tim Cook ha reconocido en presentaciones de resultados que, en varios productos, la principal limitación no era la memoria ni otros componentes, sino la disponibilidad de nodos avanzados para fabricar sus chips personalizados. Dichas restricciones han afectado tanto al iPhone como a determinadas configuraciones de Mac, frenando el crecimiento y obligando a ajustar lanzamientos y precios en algunos mercados.
A esto se suma el componente político. Desde Washington, diferentes administraciones han presionado para repatriar parte de la fabricación de semiconductores a Estados Unidos. Intel, que cuenta con un fuerte respaldo público y grandes inversiones en nuevas plantas en suelo estadounidense, se ha posicionado como actor central de esa estrategia industrial. Para Apple, trasladar una parte de la producción a fábricas norteamericanas permite aliviar la presión regulatoria y mejorar su imagen ante las autoridades del país.
Geopolítica, IA y presión desde Estados Unidos
La concentración de la producción avanzada de TSMC en Taiwán es uno de los grandes riesgos que la industria tecnológica no puede ignorar. La isla se encuentra en el centro de una tensión geopolítica permanente con China, y cualquier inestabilidad tendría efectos inmediatos en la cadena de suministro mundial de chips. Para una empresa como Apple, que basa buena parte de su negocio en procesadores fabricados allí, la situación es cada vez menos cómoda.
En paralelo, la explosión de la inteligencia artificial generativa ha elevado la demanda de chips específicos para IA a niveles históricos. Empresas como NVIDIA, Microsoft, Google o Meta absorben enormes cantidades de capacidad de TSMC para sus GPU y aceleradores, dejando menos margen para otros clientes. Aunque Apple sigue siendo un socio preferente, ha dejado de ocupar el primer lugar en la cola de prioridades.
Frente a este escenario, Estados Unidos ha puesto en marcha un paquete de incentivos millonarios para impulsar fábricas de semiconductores en territorio nacional. Intel es uno de los principales beneficiarios de estas ayudas y ha redoblado su apuesta por convertirse en una gran fundición para terceros, intentando emular el modelo de TSMC pero con bandera estadounidense.
Apple encaja en esa estrategia como cliente de referencia. Negociar con Intel para fabricar parte de los chips de iPhone, iPad y Mac en Estados Unidos permite alinear los intereses de la compañía con los del gobierno norteamericano, reducir la exposición a Taiwán y ganar visibilidad sobre la capacidad futura de producción en un momento en el que asegurar suministro es casi tan importante como innovar en diseño.
Impacto para los usuarios y próximos pasos
Para quienes compran un iPhone, un iPad o un Mac en España o en el resto de Europa, los cambios serán en gran medida invisibles. Los dispositivos seguirán montando chips diseñados por Apple, con la misma arquitectura Apple Silicon y las mismas líneas generales de rendimiento y eficiencia. La diferencia estará en quién fabrica físicamente ese silicio y en qué planta se produce.
Los primeros procesadores Apple fabricados por Intel se integrarán en modelos de gama más asequible y en versiones anteriores que la compañía mantiene en catálogo. Es decir, los iPhone de entrada, algunos iPad y Macs como el MacBook Air o el Mac mini. Los chips más avanzados para iPhone Pro o Mac de gama alta continuarán dependiendo de TSMC, de modo que Apple mantiene un enfoque escalonado según la criticidad y la complejidad técnica de cada producto.
Si el calendario se cumple, la producción masiva en las fábricas de Intel se concentrará entre 2027 y 2028. Hasta entonces, la compañía irá ajustando procesos, evaluando rendimientos y midiendo si el socio estadounidense es capaz de sostener el ritmo que exige un cliente del tamaño de Apple. Para Intel, cumplir estos plazos y niveles de calidad es clave para consolidarse como alternativa real en el mercado de fundición avanzada.
A medio plazo, la presencia de una segunda gran fundición en la ecuación podría ofrecer a Apple más margen para negociar precios, priorizar pedidos y reaccionar ante imprevistos. En un entorno donde la capacidad de fabricar chips se ha convertido en un recurso estratégico, disponer de varias puertas de salida puede marcar la diferencia entre llegar a tiempo al mercado o tener que recortar lanzamientos y disponibilidad.
Con la maquinaria ya en marcha y los primeros chips saliendo de las líneas de Intel, la relación entre ambas compañías entra en una nueva fase muy distinta a la de los viejos Mac con procesadores x86. Apple mantiene el control del diseño y reparte la fabricación entre TSMC e Intel para ganar resiliencia, mientras la firma estadounidense busca consolidarse como un socio de primer nivel en el negocio de las fundiciones. Si todo va según lo previsto, los próximos años estarán marcados menos por quién firma el chip y más por quién es capaz de producirlo a tiempo y en la cantidad que el mercado exige.