El salto de Peter Steinberger a OpenAI se ha convertido en uno de los movimientos más comentados del sector de la inteligencia artificial. El creador de OpenClaw, uno de los agentes abiertos más influyentes del momento, se incorpora al laboratorio responsable de ChatGPT en plena batalla global por el talento especializado en IA agéntica.
Lejos de suponer el cierre del proyecto, el acuerdo implica que OpenClaw pasará a organizarse como una fundación de código abierto, respaldada por OpenAI pero con vocación explícita de seguir siendo independiente y centrada en su comunidad. El movimiento encaja en un contexto de fuerte competencia entre gigantes como Google, Anthropic, xAI o Meta por liderar la próxima generación de agentes inteligentes.
Quién es Peter Steinberger y cómo nació OpenClaw
Steinberger, desarrollador de software de origen austriaco, ya era conocido en el ecosistema tecnológico por proyectos previos como PSPDFKit, una compañía centrada en procesamiento de PDF. Tras años dedicado a esa aventura empresarial, se había apartado parcialmente de los focos, hasta que decidió experimentar con los agentes de IA, inicialmente como un proyecto casi artesanal.
Ese experimento fue mutando de nombre y forma: primero Clawdbot, más tarde Moltbot y finalmente OpenClaw, denominación con la que ha alcanzado notoriedad internacional. La herramienta se popularizó por su enfoque práctico: un agente capaz de ejecutar acciones reales en lugar de limitarse a responder preguntas, algo que encajó muy bien con startups y equipos técnicos que buscaban automatizar tareas sin montar infraestructuras complejas.
Según ha contado el propio Steinberger, el crecimiento fue mucho más rápido de lo esperado. En pocas semanas, OpenClaw acumuló más de 100.000 estrellas en GitHub y llegó a registrar alrededor de dos millones de visitas en una sola semana, cifras que lo situaron entre los proyectos de código abierto más seguidos del momento.
Este éxito repentino convirtió lo que él mismo definía como un “proyecto de diversión” en un fenómeno global. El desarrollador describe este periodo como un “torbellino” en el que comenzaron a llegar propuestas, sugerencias de inversión, ofertas de colaboración y todo tipo de presiones para convertir OpenClaw en una gran empresa tradicional.
Qué hace realmente OpenClaw y por qué importa

OpenClaw se presenta como un agente de IA de código abierto capaz de tomar el control de buena parte del flujo digital de una persona o una empresa. Puede gestionar el correo electrónico, coordinar calendarios, hacer el check-in de un vuelo, tratar con aseguradoras, reservar viajes o interactuar con aplicaciones de mensajería sin supervisión constante.
En su versión más avanzada, es capaz incluso de controlar gran parte de las funciones de un ordenador, actuando como un asistente que ejecuta tareas complejas a partir de instrucciones relativamente sencillas. Esta capacidad para “moverse” por el entorno digital del usuario lo sitúa en una categoría distinta a la de los chatbots puramente conversacionales.
La filosofía de diseño se centra en la acción: el objetivo no es solo responder, sino resolver trabajo real. De ahí que muchas startups tecnológicas se hayan fijado en OpenClaw como alternativa para automatizar procesos internos sin desplegar soluciones empresariales pesadas ni contratar grandes equipos de desarrollo.
En paralelo, su infraestructura abierta ha permitido que otros proyectos se apoyen en su código. Un ejemplo llamativo es Moltbook, una red social creada específicamente para agentes autónomos, diseñada por el emprendedor Matt Schlicht. En esta plataforma, los agentes generados a partir de OpenClaw interactúan entre sí, llegando incluso a organizar “religiones” o tramas colectivas que han llamado la atención de la prensa tecnológica.
Fuera de Occidente, el agente también ha encontrado tracción. En China, por ejemplo, OpenClaw se ha combinado con modelos locales como DeepSeek y se ha empezado a integrar con aplicaciones de mensajería del país mediante configuraciones personalizadas. Incluso Baidu ha explorado ofrecer acceso directo a OpenClaw desde su app principal para smartphones, lo que refleja el interés por este enfoque agéntico también en Asia.
La estructura futura: una fundación de código abierto respaldada por OpenAI
Una de las claves del anuncio es que, pese a la incorporación de Steinberger a OpenAI, OpenClaw no será absorbido como producto cerrado. Tanto el desarrollador como Sam Altman han insistido en que el proyecto se transformará en una fundación independiente, con el objetivo de preservar su carácter abierto y la libertad de evolución de la comunidad.
Steinberger ha repetido en varias ocasiones que para él era esencial que OpenClaw siga siendo de código abierto y mantenga espacio para “pensadores, hackers y personas que quieren controlar sus datos”. La fundación aspira a convertirse en ese entorno, dando cabida a nuevos modelos y empresas que quieran integrarse sin quedar atrapados en un ecosistema propietario cerrado.
OpenAI, por su parte, se compromete a brindar apoyo técnico y cierto respaldo financiero, además de mantenerse como patrocinador del proyecto. La idea es ofrecer estabilidad y recursos para que la herramienta pueda seguir creciendo sin renunciar a su ADN comunitario y experimental.
Este esquema es relevante para Europa y España, donde las instituciones y empresas suelen mirar con atención cuestiones como gobernanza, transparencia y control de datos. Un agente tan potente como OpenClaw, gestionado por una fundación y con código disponible para auditoría, encaja mejor con las exigencias regulatorias, incluida la futura aplicación del AI Act europeo.
En su comunicación pública, Steinberger reconoce que OpenClaw podría haberse convertido en una gran compañía clásica, pero asegura que esa vía “no le entusiasma”. Su prioridad declarada es “cambiar el mundo” y llegar a la mayor cantidad de personas, algo que, a su juicio, pasa por un modelo abierto apoyado por una organización con recursos y alcance global como OpenAI.
La visión de OpenAI: una era extremadamente multiagente
Sam Altman, consejero delegado de OpenAI, anunció la llegada de Steinberger en la red social X recalcando que su función será impulsar la próxima generación de agentes personales. En sus palabras, el creador de OpenClaw es “un genio” con ideas potentes sobre “agentes muy inteligentes que interactúan entre sí para hacer cosas muy útiles para las personas”.
Altman también subrayó que OpenAI espera que ese enfoque se convierta pronto en una parte central de su oferta de productos. En otras palabras, los agentes capaces de actuar de manera autónoma, coordinada y segura serían uno de los ejes de la estrategia futura de la compañía, más allá de los modelos base como GPT.
El directivo lleva tiempo defendiendo la idea de un futuro extremadamente multiagente, en el que no exista una única IA que lo haga todo, sino un ecosistema coordinado de agentes especializados. Cada uno de ellos asumiría tareas concretas, se comunicaría con otros y se ajustaría al contexto y a los objetivos definidos por el usuario final.
Con este movimiento, OpenAI refuerza su apuesta por esa visión, integrando a una figura que ha demostrado saber llevar el concepto de agente más allá de la teoría y de las demos de laboratorio. Que Steinberger se incorpore, además, al equipo relacionado con Codex y con la integración de agentes en ChatGPT abre la puerta a que millones de usuarios puedan interactuar con soluciones agénticas más avanzadas en su día a día.
Para el tejido tecnológico europeo, esta orientación supone un aviso de hacia dónde se mueven las plataformas que dominan el mercado: menos foco en el simple chatbot y más en automatización profunda de flujos de trabajo, algo especialmente relevante para pymes y grandes empresas de España que exploran la IA para tareas administrativas, atención al cliente o gestión documental.
Riesgos, seguridad y debates en torno a OpenClaw
La otra cara de la moneda de un agente con tanta capacidad de acción es el riesgo. La propia naturaleza de OpenClaw —capaz de controlar funciones críticas del ordenador y acceder a múltiples servicios— ha despertado preocupaciones de ciberseguridad entre investigadores y autoridades.
En China, por ejemplo, el Ministerio de Industria ha advertido que el agente podría representar riesgos significativos si se configura de forma inadecuada, abriendo la puerta a ciberataques, filtraciones de datos o uso malicioso mediante extensiones que oculten malware. Investigadores en otros países han señalado igualmente la necesidad de reforzar la transparencia sobre qué hace exactamente el agente y cómo se supervisa su comportamiento.
Steinberger es consciente de estas preocupaciones y ha señalado que para “llevar agentes a todos” hace falta un cambio mucho más amplio en la forma de abordar la seguridad. Su razonamiento es que, a medida que los agentes ganan autonomía, la responsabilidad en el diseño de controles, permisos y auditorías crece exponencialmente.
La alianza con OpenAI se presenta, en parte, como una forma de acelerar esa agenda de seguridad, aprovechando el acceso a modelos de última generación e investigación no publicada que no siempre están al alcance de proyectos comunitarios. Durante una reciente estancia en San Francisco, el desarrollador mantuvo reuniones con varios laboratorios punteros, lo que le ayudó a calibrar el potencial de trabajar con una organización de escala global.
Para Europa, donde la regulación de IA se encamina hacia un marco más exigente, estos debates no son menores. Empresas y administraciones que evalúen el uso de agentes como OpenClaw en España tendrán que ponderar el equilibrio entre productividad y riesgo, y probablemente exigirán garantías adicionales en cuestiones como registro de acciones, trazabilidad, límites de acceso y protección de datos personales.
Un movimiento clave en la guerra global por el talento en IA
La llegada de Steinberger a OpenAI se produce en un contexto de talento en inteligencia artificial. Los grandes actores del sector —Google, Anthropic, xAI, Meta o la propia OpenAI— compiten no solo con productos, sino también por fichar a las mentes clave que marcan la agenda tecnológica.
Las cifras que se manejan en esta carrera son enormes. OpenAI ha realizado en los últimos meses operaciones valoradas en miles de millones de dólares para reforzar su posición, como la compra de una start-up vinculada a Jony Ive, conocido por su etapa en Apple. Meta, por su parte, ha cerrado acuerdos millonarios para hacerse con participaciones relevantes en empresas como Scale AI, con el objetivo de asegurarse talento y tecnología.
En paralelo, OpenAI negocia una nueva ronda de financiación que podría rondar los 100.000 millones de dólares, con una valoración potencial de varios cientos de miles de millones. Al mismo tiempo, rivales directos como Anthropic han cerrado rondas de decenas de miles de millones para impulsar a Claude, su alternativa a ChatGPT.
En este contexto, sumar a la persona detrás de uno de los proyectos agénticos más exitosos del último año es un mensaje claro para el mercado: OpenAI no solo quiere liderar en modelos fundacionales, sino también en aplicaciones prácticas basadas en agentes. Para el ecosistema europeo, que a menudo ve cómo el talento local emigra a grandes laboratorios estadounidenses, el movimiento reabre el debate sobre cómo retener y apoyar a desarrolladores que logran tracción global.
Steinberger, que ya había “jugado el juego” de construir y dirigir su propia empresa durante más de una década, opta ahora por integrarse en una estructura mayor para empujar su visión más rápido. Su caso ilustra una tensión recurrente en proyectos de código abierto: crecer como startup independiente o integrarse en un gigante que ofrezca recursos, a costa de ceder parte del control directo.
Implicaciones para España y Europa: regulación, negocio y adopción
Más allá de los titulares globales, el movimiento tiene derivadas concretas para Europa y, en particular, para países como España, donde la digitalización de empresas y administraciones convive con una creciente exigencia regulatoria. La combinación de agentes abiertos y supervisados por una fundación puede resultar especialmente interesante para proyectos públicos y privados que buscan transparencia y auditabilidad.
En el ámbito empresarial, las compañías europeas están empezando a pasar de los experimentos con chatbots a la automatización real de procesos. Herramientas como OpenClaw, integradas con modelos líderes a través de OpenAI, pueden simplificar tareas en sectores como servicios financieros, seguros, logística o administración pública, siempre que se diseñen con las debidas salvaguardas.
Además, la filosofía de “agentes para todos” que defiende Steinberger encaja con la agenda europea de accesibilidad digital. Su aspiración de construir un agente que pueda usar incluso su propia madre funciona como metáfora de herramientas pensadas para personas sin perfil técnico, algo relevante en un continente con una población diversa y envejecida.
Eso sí, la implantación masiva en Europa estará condicionada por el cumplimiento de normas sobre privacidad, protección de datos y uso ético de la IA. El hecho de que OpenClaw mantenga su código abierto y sea supervisado por una fundación independiente puede facilitar auditorías externas, algo que reguladores y grandes clientes europeos suelen valorar.
Para el ecosistema emprendedor español, la historia de OpenClaw deja varias lecciones: el potencial de los proyectos open source como vía de validación de mercado, la importancia de construir herramientas que ejecuten tareas y no solo conversen, y el papel de la comunidad como motor de adopción y de oportunidades, incluso a escala global.
Con la incorporación de Peter Steinberger a OpenAI y la conversión de OpenClaw en fundación, el sector de la IA agéntica entra en una fase en la que las aplicaciones capaces de actuar por nosotros ganan protagonismo frente a los simples asistentes conversacionales. La combinación de talento, código abierto y respaldo de un gigante de la IA sitúa a OpenClaw como uno de los proyectos a seguir, también desde Europa, donde la automatización inteligente y la regulación responsable empiezan a ir de la mano en la agenda tecnológica y económica.

