La posible llegada de PS6 y la nueva Xbox ya no depende solo de la tecnología gráfica o de la potencia del procesador. El gran tapón ahora mismo está en un componente mucho menos vistoso pero absolutamente clave: la memoria RAM y el almacenamiento. El boom de la inteligencia artificial ha descolocado por completo al mercado y ha colocado a la industria del videojuego en una situación delicada.
En los últimos meses, distintas fuentes de la industria, como Insider Gaming y analistas de hardware, apuntan a que Sony y Microsoft están revisando sus planes para la próxima generación. El encarecimiento histórico de la RAM, la escasez de stock y la prioridad que los fabricantes dan a los centros de datos de IA podrían retrasar el lanzamiento de PS6 y de la futura Xbox y, de paso, encarecer aún más las consolas actuales en Europa y en el resto del mundo.
La IA vacía el almacén de memoria: un problema que salpica a las consolas
El origen del lío está en el crecimiento descomunal de la inteligencia artificial. Los grandes modelos de IA necesitan cantidades enormes de memoria DRAM y VRAM para entrenarse y funcionar, y eso ha provocado una demanda de RAM muy superior a la capacidad actual de producción. Los principales fabricantes (Samsung, Micron, SK Hynix, entre otros) están volcando sus líneas en suministrar a centros de datos y grandes plataformas de IA, dejando a mercados como el de las consolas en un segundo plano.
Este cambio de prioridades se traduce en dos efectos inmediatos: subida de precios y falta de disponibilidad. Distintos informes hablan ya de incrementos de costes de varios cientos de puntos porcentuales respecto al inicio de 2025. En algunos casos, la memoria RAM prácticamente cuesta tres veces más que hace un año, y la tendencia para 2026 sigue siendo claramente alcista.
La presión no se queda en la DRAM. También se está notando en el mercado de almacenamiento NAND para SSD y tarjetas de memoria. Fabricantes de tarjetas SD han avisado de subidas de hasta un 123% en sus precios, y los SSD de 1 TB de gama media han pasado de moverse alrededor de los 50-90 dólares a situarse entre 70 y 120 dólares, con previsiones de que sigan encareciéndose a lo largo de 2026.
Todo este escenario convierte a la memoria en un recurso estratégico y escaso. Para el sector del gaming, donde el precio final de la consola es muy sensible y los márgenes son ajustados, cada subida de coste en RAM o SSD complica enormemente la ecuación.

PS6 y la próxima Xbox: de ventana 2027-2028 a un horizonte cada vez más difuso
Hasta hace no demasiado, la hoja de ruta que manejaba la industria hablaba de un lanzamiento de PS6 y de la nueva Xbox entre 2027 y 2028. Las actuales PS5 y Xbox Series X|S cumplirían entonces en torno a siete u ocho años en el mercado, un ciclo bastante habitual en consolas de sobremesa modernas.
Sin embargo, los informes recientes indican que Sony y Microsoft ya contemplan seriamente retrasar esa ventana. Desde el podcast y los reportes de Insider Gaming hasta filtraciones procedentes de fabricantes de hardware, el mensaje va en la misma línea: con los precios actuales de RAM y SSD, fabricar millones de consolas de nueva generación no es viable sin disparar el PVP.
Algunas fuentes mencionan incluso que PS6 y la futura Xbox (a menudo citada como Xbox Magnus o Xbox Next-Gen) podrían irse más allá de 2028, acercándose al final de la década. En ese escenario, estaríamos ante una de las generaciones más largas desde que las consolas modernas se estandarizaron, con PS5 y Xbox Series X|S superando holgadamente los ocho años de ciclo de vida.
En paralelo, hay rumores de que la nueva Xbox orientada como producto premium e híbrido entre consola y PC podría situarse muy por encima de las consolas actuales. Se ha llegado a hablar de precios superiores a los 1.000 euros o dólares, cifra que, con el encarecimiento de la memoria, ahora incluso se queda corta si no se ajustan especificaciones o se retrasa el lanzamiento para esperar tiempos mejores.
En los despachos de Sony y Microsoft se describe un clima de prudencia: las fechas internas ya no se dan por seguras y los equipos de planificación comparan dos escenarios complicados, o bien sacar la consola en la ventana prevista a un precio muy alto, o bien retrasarla para evitar un choque frontal con el bolsillo del jugador europeo y mundial.

La memoria como factor de costes: de componente más a pieza central de la factura
Hasta ahora, el foco del debate generacional solía estar en la GPU o la CPU. Sin embargo, los datos de coste empiezan a dejar claro que la memoria será uno de los elementos más caros de una consola de nueva generación. Solo hay que ver el ejemplo aproximado de una máquina actual como Xbox Series X, que integra 16 GB de memoria GDDR6 compartida y un SSD de 1 TB.
A principios de 2025, el precio estimado por GB de GDDR6 al comprar en grandes volúmenes se movía entre 2,5 y 3 dólares. Eso llevaba el coste de esos 16 GB a un rango de 40 a 48 dólares. Con la escalada de precios (en torno al 60% más a finales de año), ese mismo bloque de memoria pasaría a costar aproximadamente entre 72 y 88 dólares solo en RAM.
Si añadimos el almacenamiento, los SSD de 1 TB que antes se situaban en 50-90 dólares han subido hasta 70-120 dólares. Sumando RAM y SSD, una configuración tipo Xbox Series X se movería actualmente alrededor de 175 dólares de coste solo en memoria, frente a algo más de 110 dólares originalmente. Y distintos analistas avisan de que, de cara a 2026, es fácil que esa cifra supere los 200 dólares por unidad.
Teniendo en cuenta que una consola como Series X salió al mercado por 499 dólares y que, con el tiempo, su precio en algunos mercados ha llegado a 649,99 dólares o unos 599 euros, el peso de la memoria se ha convertido en un trozo enorme de la factura total. Si pensamos en una PS6 o en una Xbox de nueva generación con, por ejemplo, 24 o 32 GB de RAM más rápida (GDDR7, DDR6 o similares) y SSD de mayor capacidad, el coste puede dispararse con facilidad.
Esta realidad explica decisiones recientes como la de reducir la capacidad de almacenamiento en determinados modelos de consola (por ejemplo, ajustar de 1 TB a cerca de 825 GB en versiones Slim) para evitar nuevas subidas de precio. Sigues pagando lo mismo, pero recibes menos memoria, una solución que demuestra hasta qué punto la RAM y el SSD condicionan la estrategia.

Impacto directo en Europa y en las consolas actuales: menos stock y posibles subidas
El problema no afecta solo al futuro. Distintos reportes apuntan a que, a partir de 2026, podría haber menos stock de dispositivos actuales: PCs de sobremesa, portátiles, mini-PCs de salón y, por supuesto, PS5, Xbox Series X|S y la futura Nintendo Switch 2. Si la memoria se encarece y escasea, los fabricantes tendrán que priorizar qué modelos producen y en qué cantidades.
En el caso concreto de Europa y España, donde el precio de la electrónica ya suele verse afectado por impuestos, tipo de cambio y costes logísticos, cualquier incremento en el coste base de los componentes puede traducirse en PVP más altos o en menos unidades disponibles. Ya se comenta en algunos círculos que no se descartan nuevas subidas de precio en consolas actuales si la RAM sigue encareciéndose en 2026.
Una de las consecuencias más visibles podría ser la reducción de ofertas agresivas y packs rebajados. Tradicionalmente, al avanzar el ciclo de vida de una consola, los fabricantes recurren a bundles con juegos y bajadas de precio para impulsar ventas; pero si los costes internos suben, el margen para hacer grandes descuentos se estrecha, algo que ya se está empezando a notar en algunos modelos en el mercado europeo.
En paralelo, otros dispositivos del ecosistema gaming están en la misma situación. Portátiles para jugar, mini PCs, y proyectos como ciertas Steam Machine y PCs consolizados se han visto forzados a revisar sus planes. Marcas como Lenovo o HP habrían optado por retrasar lanzamientos de nuevos portátiles o ajustar especificaciones (por ejemplo, vender equipos con solo 8 GB de RAM) para no disparar el precio final.

Insider Gaming, Tom Henderson y las señales que llegan desde dentro de la industria
Buena parte de la información que ha encendido las alarmas procede de Tom Henderson y el medio Insider Gaming, habituales a la hora de adelantar movimientos de Sony y Microsoft. Según sus reportes, las discusiones internas sobre la RAM comenzaron a intensificarse a finales de 2025, cuando quedó claro que la demanda de la IA no iba a ser un fenómeno pasajero.
Las fuentes consultadas hablan de reuniones estratégicas en las que se ponen sobre la mesa distintos escenarios de lanzamiento, márgenes aceptables y configuraciones técnicas. La clave está en que la RAM es un elemento muy sensible del diseño: determina la resolución a la que se puede apuntar, el nivel de detalle gráfico, el tamaño de los mundos abiertos y la rapidez de los tiempos de carga.
De acuerdo con estos informes, las compañías se plantean dos caminos principales. Por un lado, mantener la ambición técnica y asumir un precio de salida muy alto, más propio de un PC de gama media-alta que de una consola tradicional. Por otro, retrasar el lanzamiento de PS6 y la nueva Xbox uno o varios años para dar tiempo a que la industria de la memoria amplíe capacidad, estabilice precios y permita ofrecer hardware potente a un coste algo más razonable.
Los reportes también señalan que el problema se extiende a toda la cadena: fabricantes de memoria que se reorientan a la IA, como el caso de Micron, que ha cerrado su marca Crucial para centrarse en clientes empresariales, y proyectos gigantes como la iniciativa Stargate de OpenAI, valorada en cientos de miles de millones de dólares y que podría llegar a consumir una porción enorme de la producción mundial de RAM. Todo ello deja a mercados como el de las consolas con menos margen de maniobra.
En este contexto, no sorprende que Nintendo también se vea salpicada. La futura Switch 2 aparecerá en un entorno de memoria mucho más cara y disputada, y algunos analistas apuntan que incluso las fluctuaciones en la cotización de Nintendo pueden estar vinculadas a las dudas sobre la disponibilidad de DRAM para su próximo hardware.

Ciclos más largos, juegos muy esperados y un mercado en tensión
Las consolas actuales, PS5 y Xbox Series, junto con la esperada Switch 2, forman parte de la novena generación, iniciada en 2020 en plena pandemia. Con cinco años ya cumplidos, muchos usuarios europeos daban por hecho que el salto a PS6 y a la siguiente Xbox llegaría sobre 2027, quizá 2028 como mucho, siguiendo la lógica de ciclos de unos siete años.
El problema es que la combinación de falta de stock inicial por la pandemia, subida de costes y crisis de la memoria está empujando a que esta generación se prolongue más de lo previsto. De hecho, algunos movimientos del mercado encajan con esa idea, como la apuesta de Sony por mejorar tecnologías de reescalado de imagen en PS5 Pro (como PSSR) para exprimir al máximo el hardware actual sin necesidad de estrenar plataforma nueva.
Por su parte, se habla de que grandes lanzamientos como GTA 6 podrían moverse hacia ventanas más tardías, como 2027, lo que daría aún más argumentos a las compañías para seguir apoyando PS5 y Xbox Series antes de dar el salto a la siguiente generación. Un calendario así reduce la urgencia de lanzar PS6 y la nueva Xbox en plena tormenta de precios de la RAM.
En paralelo, no faltan informaciones contradictorias sobre cuándo podría normalizarse el mercado de la memoria. Hay quien apunta a que la estabilización real no llegaría hasta alrededor de 2030, mientras que otros informes más recientes hablan de un posible alivio a partir de 2027. Lo que sí parece claro es que 2026 seguirá siendo un año complicado para cualquiera que necesite grandes cantidades de RAM, incluidas Sony y Microsoft.
Si las nuevas consolas quisieran salir en 2027, la producción masiva tendría que arrancar durante 2026, justo en uno de los momentos más tensos de la crisis de memoria. Esa coincidencia es la que alimenta las previsiones de un retraso prácticamente inevitable, aunque por ahora no haya anuncios oficiales y las marcas mantengan silencio.

¿Qué puede esperar el jugador en los próximos años?
Con todos estos factores sobre la mesa, el panorama para el jugador en España y en el resto de Europa se perfila como una mezcla de continuidad y cautela. Por un lado, todo indica que PS5, Xbox Series X|S y Switch 2 seguirán en primera línea durante más tiempo del que muchos imaginaban. La apuesta pasará por versiones revisadas, mejoras de software, servicios y juegos que expriman al máximo el hardware actual.
Por otro lado, es razonable esperar precios más firmes y menos rebajas agresivas en consolas y dispositivos de juego que dependan de mucha RAM o de SSD rápidos. La escasez y el encarecimiento de la memoria dificultan bajar el PVP sin renunciar a beneficios, por lo que los consumidores podrían encontrarse con ofertas más limitadas y ciclos promocionales menos generosos que en generaciones anteriores.
Este contexto también puede influir en la forma en que las propias compañías diseñan sus sistemas. No sería extraño ver estrategias que prioricen tecnologías de reescalado, optimización de motores gráficos y uso inteligente de la memoria para ofrecer saltos visuales sin multiplicar por dos o por tres la cantidad de RAM integrada, algo que encarecería cada unidad.
Pese al ruido de rumores y filtraciones, hay un punto en el que coinciden prácticamente todas las fuentes: la demanda de memoria no va a disminuir a corto plazo. La IA seguirá creciendo, los centros de datos ampliarán su capacidad y la competencia entre sectores por acceder a DRAM y NAND será intensa. En ese tablero, las consolas dejarán de ser el cliente estrella y tendrán que adaptarse.
En este contexto tan movido, la llegada de PS6 y de la nueva Xbox se ha convertido casi en un síntoma del equilibrio global de la industria tecnológica: cuando la memoria vuelva a ser más abundante y sus precios se estabilicen, será mucho más fácil que Sony y Microsoft aprieten el botón de la nueva generación; hasta entonces, todo apunta a que tocará convivir más tiempo con las consolas actuales, con un ojo puesto en los precios y otro en cómo evoluciona el mercado de la RAM.