Sora de OpenAI pierde descargas tras su boom inicial en la generación de vídeo con IA

  • La app Sora de OpenAI pasó de 3,2 a 1,2 millones de descargas mensuales en pocos meses, con caídas del 32% y 45%.
  • Las restricciones técnicas al modelo Sora 2 y la saturación del servicio frenaron el entusiasmo de los primeros usuarios.
  • La competencia de otras herramientas de vídeo con IA y las dudas sobre derechos de autor han lastrado su crecimiento.
  • Pese a acuerdos como el de Disney y 9,6 millones de descargas acumuladas, la app no ha recuperado su pico de popularidad.

Sora de OpenAI pierde descargas

La aplicación de vídeo con inteligencia artificial Sora de OpenAI ha pasado en muy poco tiempo de ser un fenómeno viral a mostrar signos claros de agotamiento en el ritmo de descargas y en el uso diario. Tras un estreno fulgurante, la curva de adopción se ha ido enfriando mes a mes, según los datos difundidos por firmas especializadas en análisis de apps móviles.

En sus primeros compases, la plataforma parecía llamada a repetir el impacto de ChatGPT en el terreno del vídeo generativo. Sin embargo, los últimos informes apuntan a un descenso acusado tanto en nuevas instalaciones como en gasto de los usuarios, lo que abre un nuevo frente para OpenAI en un mercado de herramientas creativas con IA cada vez más congestionado y exigente.

Del lanzamiento meteórico al frenazo en descargas

Sora se dio a conocer en septiembre del año anterior como una red social centrada en la creación y el intercambio de vídeos generados con el modelo Sora 2. La propuesta permitía producir clips realistas mediante instrucciones de texto, compartirlos y remezclarlos con creaciones de otros usuarios, en una dinámica muy enfocada a la viralidad.

En sus primeros días, el despegue fue espectacular: la aplicación alcanzó el millón de descargas en menos de cinco días, un registro incluso más rápido que el logrado en su día por ChatGPT. Bill Peebles, director de Sora, presumió de esa marca en la red social X, subrayando el tirón inicial del servicio.

Ese arranque se vio impulsado por un modelo de acceso restringido. La app solo podía utilizarse mediante invitación y únicamente en Estados Unidos a través de la App Store, lo que reforzó la sensación de exclusividad y disparó el interés entre creadores de contenido y usuarios curiosos.

Posteriormente, OpenAI amplió el despliegue a Canadá y más tarde a Android mediante Google Play. Con esa apertura, el número total de instalaciones siguió sumando hasta alcanzar alrededor de 9,6 millones de descargas entre iOS y Android, según estimaciones de Appfigures citadas por medios como TechCrunch.

Con todo, el impulso inicial empezó a diluirse con rapidez. Las cifras muestran una caída intermensual del 32 % en diciembre y un desplome adicional del 45 % en enero. En términos absolutos, la aplicación pasó de unas 3,2 millones de descargas en noviembre a cerca de 1,2 millones en enero, lo que dibuja un cambio de tendencia claro tras el boom de los primeros meses.

Menos uso diario y límites técnicos en el modelo Sora 2

El retroceso de Sora no solo se nota en el volumen de nuevas instalaciones. Los datos disponibles apuntan también a un descenso del 32 % en los usuarios activos que acuden a la app para generar vídeos, una señal de que parte del público que probó el servicio ha reducido su actividad o lo ha abandonado.

Un factor clave en esta evolución fueron las medidas adoptadas por OpenAI a principios de diciembre. La compañía se vio obligada a imponer restricciones al uso del modelo Sora 2 debido a la alta demanda, que saturaba la infraestructura y provocaba fallos en la generación de contenidos. Al limitar el número de solicitudes y ajustar el funcionamiento del sistema, se ganó estabilidad técnica, pero se sacrificó parte de la inmediatez que muchos usuarios valoraban.

Este tipo de recortes suele percibirse como un freno a la experiencia, sobre todo en una fase en la que la curiosidad y el efecto novedad empujan a experimentar sin demasiadas barreras. Quienes buscaban producir vídeos de forma casi continua se encontraron con más esperas, menos capacidad de prueba y menos espectacularidad, algo que puede haber contribuido a enfriar el entusiasmo inicial.

En paralelo, los ingresos también han reflejado esta desaceleración. Desde su lanzamiento, Sora habría generado alrededor de 1,4 millones de dólares en gasto de consumidores, con Estados Unidos como principal mercado y con países como Japón, Canadá, Corea del Sur y Tailandia a la zaga. Sin embargo, tras un pico de unos 540.000 dólares en diciembre, el gasto mensual cayó en enero a unos 367.000 dólares, en línea con la pérdida de tracción en descargas y uso.

Para OpenAI, estas cifras representan un toque de atención. El reto ya no es solo captar nuevos usuarios, sino lograr que quienes ya han probado la plataforma sigan viendo motivos suficientes para mantenerse activos y, en el mejor de los casos, dispuestos a pagar por funciones premium o créditos de generación.

Competencia feroz en el vídeo con IA y efecto en Europa

Aunque el despliegue inicial de Sora se centró en Norteamérica, el comportamiento de la aplicación se enmarca en un contexto global donde Europa observa muy de cerca la evolución de estas herramientas. Creadores digitales, agencias de comunicación y productoras del continente siguen con atención el rendimiento de Sora, al tiempo que exploran alternativas de otros grandes actores tecnológicos.

En este escenario, la app de OpenAI no opera en solitario. Soluciones como Vibes de Meta o los modelos de vídeo vinculados al ecosistema Google Gemini compiten por el mismo perfil de usuarios: profesionales del contenido, pequeñas marcas y perfiles creativos que buscan producir vídeos vistosos con menos recursos técnicos y económicos.

Esta diversidad de opciones reduce la dependencia de una sola plataforma. Para los usuarios europeos, resulta relativamente sencillo ir saltando entre distintas herramientas según las condiciones de uso, la calidad de los resultados o el coste. La consecuencia para Sora es una mayor dificultad para fidelizar a su base de usuarios más allá del primer impacto.

Además, la regulación digital que se está gestando en la Unión Europea en materia de inteligencia artificial y derechos de autor añade incertidumbre. Empresas como OpenAI tienen que anticipar cómo se aplicarán las normas europeas a la generación de contenidos, algo que podría influir en la forma en que Sora se ofrece o se monetiza en países de la UE.

Por ahora, la trayectoria descendente en descargas y uso de Sora se observa principalmente en los mercados donde ya ha tenido más recorrido. La cuestión para Europa es si la plataforma llegará con la fuerza suficiente para consolidarse o si, cuando lo haga, el espacio estará ya muy repartido entre múltiples competidores que se han adelantado en presencia local, alianzas con medios y adaptación regulatoria.

Polémicas de derechos de autor y acuerdo millonario con Disney

Más allá de la parte puramente técnica y de adopción, Sora se ha visto envuelta en controversias legales y éticas vinculadas al uso de material protegido. Varios usuarios comenzaron a compartir vídeos generados por la app que recordaban de forma llamativa a animes y producciones audiovisuales ya existentes, lo que despertó recelos en la industria.

En el caso de Japón, la Asociación Japonesa de Radiodifusores Comerciales (JBA) acusó a OpenAI de entrenar el modelo Sora 2 con contenidos protegidos por derechos de autor sin contar con la autorización pertinente. Estas críticas entroncan con un debate más amplio que también preocupa en Europa: hasta qué punto las grandes empresas de IA pueden utilizar obras ajenas para mejorar sus sistemas de generación.

En medio de este contexto, Disney anunció una inversión de 1.000 millones de dólares en OpenAI y la firma de un acuerdo de licencia de contenidos por tres años vinculado a Sora. Este movimiento corporativo apunta a un modelo de colaboración en el que grandes estudios ceden parte de su catálogo para alimentar herramientas de creación con IA, a cambio de compensaciones económicas y cierto control.

Aun así, la alianza con Disney no ha supuesto, al menos por ahora, un giro radical en la curva de descargas ni en el uso diario de la aplicación. La posibilidad de generar vídeos inspirados en personajes famosos puede resultar atractiva, pero también viene acompañada de restricciones y filtros destinados a evitar abusos o representaciones problemáticas.

En el trasfondo, tanto en Japón como en Europa y otros mercados, persiste la incógnita sobre cómo se armonizarán los intereses de los titulares de derechos con el avance de la IA generativa. Lo que ocurra con casos como el de Sora servirá probablemente de referencia para futuras negociaciones entre tecnológicas y sectores culturales.

Un modelo de negocio por afinar y expectativas en el largo plazo

Con 9,6 millones de descargas acumuladas y una tecnología capaz de producir vídeos que hace apenas unos años parecían ciencia ficción, Sora sigue siendo una apuesta estratégica para OpenAI, aunque su evolución reciente obligue a revisar expectativas y tiempos.

La empresa, liderada por Sam Altman, se enfrenta al reto de convertir el interés inicial en una fuente de ingresos recurrente y sostenible. Por ahora, los 1,4 millones de dólares generados en gasto de usuarios desde el lanzamiento son una cifra modesta si se compara con la inversión necesaria para desarrollar y mantener un modelo de vídeo tan avanzado.

En la práctica, eso implica seguir afinando el modelo de negocio, desde las suscripciones hasta la venta de créditos de generación o la integración de Sora en paquetes más amplios de servicios de IA que puedan resultar atractivos para empresas, medios y creadores profesionales en Europa y otras regiones.

En paralelo, la compañía tendrá que equilibrar la presión por innovar con la obligación de cumplir las crecientes exigencias regulatorias en materia de transparencia de datos, propiedad intelectual y seguridad de los contenidos. Cualquier paso en falso, ya sea por saturación del servicio, por falta de moderación o por conflictos legales, puede traducirse en nuevas oleadas de desconfianza o desinterés por parte de usuarios y socios potenciales.

En este punto, Sora se encuentra en una fase clave de maduración. La pérdida de descargas y la caída en el número de usuarios activos no significa que el proyecto esté agotado, pero sí que ha salido de la burbuja de la novedad y debe demostrar que es capaz de sostenerse como herramienta útil más allá del efecto demostración.

A la vista de los datos, el caso de Sora ilustra hasta qué punto el éxito fulgurante de una aplicación de IA puede verse seguido de un descenso igual de rápido cuando se combinan límites técnicos, fuerte competencia y dudas legales; el futuro de la plataforma dependerá de la capacidad de OpenAI para reforzar su propuesta de valor, cerrar acuerdos sólidos y adaptarse a un entorno regulatorio en el que usuarios, empresas y autoridades de Europa y otros mercados exigirán cada vez más garantías.

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